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Opinión

Cabimas: El mal ejemplo de los municipios y regiones convertidos conucos por Edwin Martínez

En una breve lectura sobre la base del feudalismo, el colonialismo y el neocolonialismo encontraremos la historia y evolución hasta nuestros días de diversas maneras de gobernar o controlar determinado espacio territorial, en el caso que nos ocupa solo basta con echar una mirada a los últimos 100 años de historia hasta nuestros días para certificar que es una misma cadena que ha modernizado sus métodos de dominación y control social.

En nuestro caso inauguramos la primera parte de los 100 años en con el vaivén de luchas internas por el reparto del botín de guerra, representado en este particular por el territorio que decidió adherirse a determinada bandera o país nacional que nunca lo fue ni es porque el proceso de liberación de independencia no fue más que un cambio de dueños y métodos, dando paso al surgimiento del conuco como expresión del reparto del botín que consistía en entregar a incondicionales determinado espacio territorial que les permitía ganar cómodamente de la explotación de la tierra y su gente y al mismo tiempo sostener la frágil unidad nacional.

De esos caminos vienen las diversas expresiones de gobierno que tuvieron que ir adecuándose a las demandas sociales.

Desde 1830 está pendiente la discusión sobre la división político territorial y en 1989 entro en vigencia la extinta Ley de régimen municipal, véase en la primera como parte de las causas de los diferendos territoriales en varias zonas del país y la segunda como un avance extemporáneo que sirvió como transición hacia nuevos instrumentos jurídicos que debería garantizar la progresividad de la anterior pero en lugar de ello, nos retorno al pasado lleno de incertidumbre y ausencia de programas que definan el funcionamiento del municipio como epicentro del desarrollo económico, político y social Nacional porque fueron reducidos nuevamente a la condición de conucos.

Antes de la entrada en vigencia de la extinta Ley de régimen municipal los gobernadores eran designados por el Presidente de la República en un acuerdo de cenáculos con la dirigencia de su partido, aquí no existía la votación directa y secreta, todos los funcionarios eran impuestos, la máxima autoridad municipal era ejercida por un prefecto designado por el gobernador y posteriormente fueron surgiendo nuevos espacios de gobierno que no tenían nada de nuevo, eran imitación posmoderna de los ayuntamientos de la colonia, incluso hay ciudades que le rinden culto a la colonia con los nombres de la misma ciudad, parques y otros espacios parroquiales y comunales pero no hay nada nuevo, por eso no pueden hablar de refundación.

Otro de los aspectos que dificulta el crecimiento, desarrollo y sustentabilidad del municipio es la ausencia de un programa de ciudad que trascienda al gobernante de turno, por ejemplo: en la ciudad de Cabimas en el Estado Zulia hubo un alcalde que desarrolló su pasión por las carreras de bicicletas y pasaba todo el periodo de gobierno detrás de los campeonatos internacionales de ciclismo pero no sabía nada del agua, la vialidad y otros servicios públicos necesarios para el desarrollo y prosperidad de nuestra ciudad; hubo otro que convirtió un vertedero de basura en la entrada norte de la ciudad en un centro turístico, claro este tiene el mérito de haber rescatado una zona inhóspita para convertirlo en un gran centro para el esparcimiento de las personas; hubo otro que fundó una planta de asfalto en un negocio que nunca nadie explicó pero que nos vendieron como la idea de convertir a Cabimas en una ciudad potencia para tener la mejor vialidad del país pero no fue así y otros que rescataron plazas que representaban la activación de puntos de encuentro para la cultura, el arte y otras expresiones que no tuvieron continuidad y es en la falta de continuidad donde raya el atraso porque cada vez que llega un alcalde nuevo engabeta los avances del anterior generando un gran archipiélago de obras inconclusas, el ejemplo más patético es la sede de los Poderes Públicos, convertido en un elefante blanco que la dirigencia solo usa para pedir recursos al gobierno central para continuar con la misma rutina cada cierto tiempo, quizás esa sea la razón por la que ningún alcalde ha tomado la determinación para inaugurar la sede de la alcaldía.

Recientemente ha surgido como uno de los temas en el tapete, el tema de la recaudación de impuestos municipales y esto no solo aplica a Cabimas porque todos los alcaldes antes de llegar al poder fueron candidatos y para poder competir contra los candidatos del gobierno, le vendieron el alma al diablo para tener financiamiento de campaña.

Recientemente hemos visto los movimientos desesperados del alcalde Nabil Maloouf, primero firmó un decreto y segundo, presionó a los concejales de su bancada para que estos aprobarán una ordenanza que incrementa la recaudación que tanto requiere para pagar al financista de campaña mediante la figura inquisidora de SATRICA.

Si hacemos un poco de memoria, en campaña electoral el “por ahora” alcalde de Cabimas le prometió a los comerciantes de Cabimas que serían exonerados, eso cuando era candidato porque ahora los llama estafadores y otros calificativos que no vienen al caso mencionar por lo ofensivo y aunque de alguna manera algunos comerciantes cosecharon lo que sembraron, es decir que lo merecen, es oportuno decir lo siguiente:

En el imaginario colectivo municipal, el comerciante es un emprendedor que día a día se dedica a la producción de riqueza, notase que estoy generalizando aunque hay otras variantes en el surgimiento de cada uno.

El comerciante como tal es dueño del capital y unidad productiva pero para que está genere la riqueza requiere de la participación de los trabajadores que son habitantes de nuestra ciudad, es decir que cada trabajador lo pudiéramos denominar jefe de familia y teniendo en cuenta lo anterior, la aplicación de medidas inquisidoras contra los comerciantes es un atentado directo a las familias de nuestra ciudad. Es mi punto de vista.

Los señores Nabil y Rosales utilizan la misma narrativa, “que recibieron un desastre”, cuando inauguran algo lo hacen con el sensacionalismo de haber sido unos genios por crear lo que otros destruyeron en el intento desesperado por ocultar que todo lo que está destruido en nuestro país tiene la complicidad de los que pidieron sanciones, bloqueo e invasiones.

¿Será que al alcalde Nabil Maloouf se le olvidó qué la venta ilegal como chatarra del parque automotor del municipio es un crimen contra la cosa pública? Porque a mí no se me olvidó…

¡La verdadera Refundación de Cabimas está en marcha!

Edwin Martínez Espinoza.

@edwinviene

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