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Capital Humano: La riqueza necesaria. Por: José Gregorio Figueroa

No cabe la menor duda de que el crecimiento y el desarrollo de un país descansan sobre un capital humano sólido. Esto exige formación, capacitación, evaluación constante y experiencia.

​En el mundo actual, las naciones más desarrolladas han consolidado un talento clave a través de planes de estudio adaptados a la realidad de los nuevos tiempos: enfocados en la innovación, las habilidades y las destrezas, así como en la identificación de los sectores que requieren mano de obra calificada.

​El crecimiento y el desarrollo no se miden únicamente por las reservas de riqueza o por los indicadores económicos tradicionales; la verdadera sostenibilidad de esos indicadores la garantiza un capital humano de alta preparación.

​La aguda y pesada crisis económica del país —causada, entre otras razones, por un modelo rentista— llevó a que un gran número de personas decidieran buscar oportunidades en el extranjero. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), cerca de 7 millones de venezolanos han emigrado. Dentro de esta cifra se encuentran profesionales, técnicos y mano de obra calificada, así como jóvenes que abandonaron su escolaridad en distintos niveles, dejando al país en una situación sumamente delicada.

​Por su parte, eventos como el doble sismo de Vargas pusieron de manifiesto las graves carencias para actuar ante catástrofes, al no contar con el personal calificado ni los equipos necesarios.

​A esto se suma un precario sistema educativo, caracterizado por infraestructuras deterioradas, bajos ingresos para los docentes, personal administrativo y obreros, y programas curriculares con un alto contenido ideológico que alejan a los centros de enseñanza de su objetivo central: formar estudiantes aptos para aportar al desarrollo nacional.

​A pesar del tímido crecimiento económico del presente año, este aún no se refleja en mejoras para el sistema educativo en sus distintos niveles. Aun así, es preciso reconocer el enorme esfuerzo de quienes permanecieron en el país a la espera de los ansiados cambios que permitan una verdadera recuperación.

​Sin embargo, conviene recordar que la principal riqueza de una nación no está en el subsuelo, sino en sus escuelas, liceos, universidades y centros de formación. Cualquier programa de reconstrucción nacional debe contar, ante todo, con su activo más valioso: el talento de su gente.

​José Gregorio Figueroa

@Figueroazabala

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