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Comentarios liberales: «Cocamunismo» Por Javier Barbancho

La prostitución está estrechamente unida al narcotráfico. Y la coca es la base financiera de las organizaciones comunistas de América

Me sorprende en la crónica de Rafa Latorre sobre el centenario del PCE no hallar ninguna alusión al narcotráfico, ni una caseta, ni una charla, ni un camello teorizando sobre lo más vivo del comunismo actual, que es la coca, o, más precisamente, su producto en el mercado: la cocaína. El hecho es más extraño siendo el maestro de ceremonias del fervorín rojo Enrique Santiago, secretario general y abogado en las conversaciones de La Habana representando a las FARC, la narcoguerrilla proxeneta más antigua del mundo y cuyo padrino en el negocio fue y es el régimen comunista cubano.

Las FARC no son sólo narcotraficantes y terroristas, sino proxenetas que secuestraron a miles de niñas para convertirlas en esclavas sexuales y les infligieron toda clase de atrocidades. Y al denunciar su calvario se han topado con una muralla de silencio mediático auspiciado por las feministas rojas, algunas ministras, que ignoran la violación de menores en Colombia como las de Mallorca y, hace un siglo, las masivas en el Moscú de Lenin. Si los rojos las violaban, bien violadas estaban. Las camaradas, calladitas y a leer en el Pravda el «gran honor» que a las burguesas obligadas a fregar los cuarteles les hacían los bolcheviques al violarlas. Almudena Grandes se ríe de las monjas violadas por los milicianos sudorosos en la Guerra Civil. Y torturadas y asesinadas. El heteropatriarcado rojo es liberador.

La prostitución está estrechamente unida al narcotráfico. Y la coca es la base financiera de las organizaciones comunistas de América, continente en que crecen vertiginosamente. Bolivia ya es un narcoestado y Evo actúa como padrino del futuro narcoestado peruano, unidos por el VRAEM, zona del Sendero Luminoso de los Quispe Palomino y que presuntamente financió la campaña de Castillo. Perú Libre, partido base del Gobierno de Lima, ya ha anunciado la expulsión de la DEA y del Ejército de las zonas cocaleras, como hizo Evo. Desde entonces, Bolivia ha triplicado la extensión de cultivo de coca. Y la de Perú es la de más calidad de América, con los laboratorios para refinarla. La de las FARC será barrida del mercado por el polvo del «Lápiz», a punto de instalar la dictadura.

Con lo que sabe Santiago de este mundo y ni una palabra. Ni que fueran el tratado Molotov-Ribentropp, el Gulag, las UMAP del Che para homosexuales o la invasión de Polonia, que tanto celebró La Pasionaria.

Fuente Diario El Mundo

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