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Opinión

El “inmediatismo”, causal de crisis Por Antonio José Monagas

El inmediatismo advertido como una de las razones culturales originadas en el marco de la modernidad retardada, es el problema que traba los procesos que requieren ser comprendidos por el hombre en virtud del desarrollo que la actualidad busca alcanzar. La inmediatez ha dado lugar a ralentizar la dinámica social provocada por  múltiples razones que, en su aglutinación, inducen serias consecuencias. Muchas, relacionadas con la resistencia al cambio, la brevedad asumida desde la irreflexión, la negación al pensamiento crítico. 

Como resultado de tan cuestionado modo de pensar y actuar, bajo la cual se intentan poner en marcha ideas, proyectos y planes de inmediato efecto, en medio de complicadas situaciones de toda naturaleza, se han originado gruesas desviaciones conceptuales y metodológicas. Todas, con la fuerza necesaria para provocar enfermizas conductas humanas que asoman un impúdico estado de desorganización social. Incluso de aislamiento del individuo de la sociedad a la cual suscribió sus esquemas de vida.

No conforme con estos desvaríos, se ha producido la veloz conectividad tecnológica la cual ha inducido problemas que se pensaban lejanos. Sin embargo, el inmediatismo ha provocado situaciones de espantosa preocupación. Situaciones que se debaten entre el desespero y la desesperanza.

Así pueden contarse inconvenientes que ocurren por causa de la merma de la creatividad, o la pérdida del análisis crítico de la realidad. Asimismo, del desacomodo que llega a padecer la persona natural o jurídica. Igualmente, de la excitación o desubicado entusiasmo que causa el mundo virtual. Inclusive, por encima de inminentes necesidades reales.

Todo esto incitado por el inmediatismo, ha coadyuvado a presenciar problemas de riesgosas consecuencias. La exclusión, uno de ellos. De igual modo, la convicción de conservar constructos teóricos soportados en obsoletos paradigmas. Véase el “reduccionismo” entre otros, toda vez que pretende fundamentar la construcción de conocimientos con base en dos desguarnecidos parámetros, como en efecto son altura y longitud. Deber y haber.  O, hacer y poder. Y hasta, ganar y perder.

La realidad es compleja

Cuando la dinámica de la naturaleza del hombre, aviva la conjugación de tres dimensiones, al menos, se hace posible analizar el contexto (de fondo) que cimienta la realidad en su más exacta comprensión. De ella se deparan procesos de vida humana en todo sus sentidos. Esos análisis de contexto, se acercan más a las verdades en comparación con presunciones que el inmediatismo suele encubrir. Precisamente, este problema de imprevisión u omisión ocurre por no saber leerse la realidad. Sobre todo, por causa de las insuficiencias metodológicas que, generalmente, se conllevan presionadas por el inmediatismo generando así resultados imprecisos, confusos, ambiguos o ambivalentes.

Cabe explicar que el problema surge al momento de pretender el manejo de complicadas realidades, pero sólo con el auxilio de un macilento sistema de coordenadas cartesianas o bidimensionales. Es como tradicionalmente se ha buscado alcanzar la solución esperada.

Esta vía, lejos de dar con la respuesta que del problema bajo análisis se espera, sitúa el estudio apegado a un marco de factores inciertos que contraen el análisis a un cuadro de sucesivas y temerarias falsedades. Es la situación que embarga procesos de definición de pautas que requieren ser allanadas por la metodología que propone la Filosofía de Gestión. Pero siempre, acusando una metodología que implica o advierte que la realidad no es la que convencionalmente presume su análisis desde un sistema binario.

La única y más consistente ruta o metodología para visibilizar razones que engorronan situaciones de arriesgada incidencia, es mediante la conjugación de tres dimensiones o sistemas complejos integrados por las relaciones que envuelven espacio y tiempo, energía e información y causa y efecto. Particularmente, porque en su armonización se configuran e integran personas, procesos y fenómenos. Tanto de orden micro como macro, habida cuenta  que coexisten en el mundo de las realidades políticas, económicas y sociales, Indistintamente, sean estas individuales o colectivas. Indicativas o estratégicas. Institucionales u organizacionales. Inducidas o reactivas. Empresariales o comerciales.

Lo arriba explicado, detenta la fuerza conceptual y consistencia metodológica necesaria, para comenzar a dar cuenta que su praxis destaca que la realidad que no es estática. Es dinámica. Es de “cambio continuo”.

En conclusión

Refería Juan Felipe Manzanares, en su libro: “El episteme de una civilización inteligente” (Universidad de Los Andes, 2004) que “la realidad es un proceso de cambio continuo con velocidad y aceleración variables de todos los flujos infinitos de energía e información que ocurren en todos los lugares donde se relacionan, en el instante en que la propia fuente los produce con sus causas y efectos continuos”.

Finalmente, vale agregar que esta disertación ha perseguido dar cuenta de los problemas que enfrenta cualquier análisis de contexto de caer en las tentaciones del “inmediatismo”.  Más, cuando obliga a la creatividad y al pensamiento crítico, a someterse al imperio del reduccionismo o del negacionismo. Al yugo de sistemas de análisis fragmentados toda vez que dejan atraparse por realidades “constreñidas”. O que dejan engullirse por los serios problema que provoca el “inmediatismo”. Especialmente cuando se debate el “inmediatismo” entre la desesperanza y el desespero. Más, cuando reiteradamente se ha calificado el “inmediatismo”, causal de crisis.

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