A raíz de los devastadores terremotos que castigaron y desolaron a La Guaira el 24 de junio las redes sociales, además de las denuncias del abandono por parte del Estado y de su incapacidad para atender la situación que los terremotos produjeron, de la manipulación de la información que se expresan en las partes diarias anunciadas por Jorge Rodríguez y de los cientos de obstáculos que el propio régimen ha impuesto para el trabajo de los rescatistas en el rescate de sobrevivientes y de los cuerpos de los fallecidos, también recogen miles de testimonios de familiares que luchan por rescatar a sus seres queridos de los escombros bajo los cuales quedaron sepultados.
Todos los testimonios en este sentido son conmovedores hasta las lágrimas, especialmente aquellos que se refieren a niños, muchos, en torno a la cual la acción de los rescatistas ha sido más vehemente, hasta el desfallecimiento, por rescatarlos con vida.
Este es el caso del niño Lucas Gámez. Un niño argentino, de 8 años, de padres venezolanos. Su caso fue el más difundido de los niños desaparecidos.
La historia de su desaparición es como sigue: “El 24 de junio, feriado en el país por el aniversario de la Batalla de Carabobo, el niño viajó junto a uno de sus tíos a La Guaira para pasar el día en la playa…… ambos regresaron al departamento donde se alojaban pocos minutos antes de que un doble terremoto, de magnitudes 7,2 y 7,5, provocara el derrumbe de edificios y severos daños en distintos sectores del estado costero. Desde entonces, Lucas permanecía desaparecido”.
A todos los venezolanos se nos hizo familiar el rostro de Lucas, sus videos jugando al futbol, sus juegos, su risa y todos lo vimos rezando un “padre nuestro”, con “acento venezolano” como le pedía su madre en el video puesto en tik tok. Discurrimos por su breve vida durante los días angustiosos en la que cientos de rescatistas identificaban el supuesto calor de su cuerpo bajo los escombros de su edificio colapsado, mediante instrumentos para tales fines.
Y todo el país, emocionalmente se vinculó a su búsqueda. Pero no todos. Algunos, realmente muchos, en lugar de elevar sus plegarias por el feliz rescate del niño se dedicó a indagar en el árbol genealógico de Lucas y entonces, allí encontraron las razones que esgrimieron para desaparecer la imagen de Lucas Gámez como la representación dolorosa de todos los niños atrapados bajo los escombros para convertirlo en el nieto de un “sátrapa chavista”. A partir de ese momento, la madre de Lucas dejo de ser la madre que sufre la desaparición y eventual muerte de su hijo que era su vida, para ser la hija de un militar chavista de los peores que el ejército venezolano alista en sus filas. Su desesperación empezó a ser juzgada como un “show”.
De verdad, tal vez estoy generalizando, pero, no sé con precisión cuando dejamos de ser “el pueblo bueno” que todos decimos que somos, no tengo la menor idea cuando nos convertimos en una raza de seres torvos y algo oscuro. Presumo que lo correcto sería como lo señala Rodolfo Izaguirre (El Nacional, 12/07/2026). Él detalla bastante bien lo que somos y siempre hemos sido: “…seguimos siendo quienes somos, abrazados a nosotros mismos, obedientes a nuestra propia condición humana que nos impulsa a ser hoy solidarios y generosos y mañana ávidos, crueles indiferentes y mezquinos con los más desafortunados, tal como ocurre hoy con la devastación física de buena parte del litoral vecino a Caracas. Sin ir más lejos, basta con saber que la hermana mayor revuelve papeles en el juzgado para quitarle la casa a la hermana menor y dejarla en la calle. Es decir, nos abrazamos al depredador que también somos”.
Les confieso, que yo no sé consolar, no es que las pérdidas sufridas por otros no me conmuevan o que yo no sufra y comparta el dolor que sufre la gente frente sus pequeñas o grandes tragedias, solo que no se consolar, no se juntar las palabras que alivien el corazón de los que sufren, cuantas veces tratando de dar un pésame me he confundido y he terminado diciendo “Feliz cumpleaños” o “Feliz año” o “felicitaciones”, palabras que después de dichas me han hundido en el bochorno y termino huyendo del velorio en cuestión. No es que no sienta empatía, todo lo contrario, el problema es que no sé cómo ejercerla en esos momentos y siento vergüenza ajena cuando veo a otros ejerciendo una empatía pegajosa. No tengo ese talento, “el talento de consolar”.
No sé qué podría decirle a la madre de Lucas, que palabras puedo elegir para consolarle. No sé, no tengo la exacta palabra que le consuele el vacío que le ha dejado la muerte de la razón de su vida. Lo que sí puedo es pedirle perdón por la brutalidad inhumana de todos aquellos venezolanos que se han dedicado a juzgar por ser la hija de un condenado militar chavista en lugar de ser la madre de su hijo muerto.
He leído el comunicado de la Asamblea Nacional de 2015 en la que se anuncia que a partir del 1 de agosto el inicio de una agenda de trabajo conjunta (mesa de diálogo). Las prioridades que se discutirán en esta nueva mesa serán: el fortalecimiento de las instituciones democráticas, del sistema electoral y el restablecimiento de las garantías de la participación política.
También he leído la nota de Jorge Rodríguez, como presidente de la Asamblea Nacional de 2020, en ella se desdice de sus palabras anteriores en las que iracundo había dicho que no tenía cabeza para pensar en la política, en elecciones, en CNE, ni TSJ, etc. que plantear esos temas era sacarles la madre a las víctimas de los terremotos.
Queda establecido de bulto que su cambio de parecer tiene que ver con que el comunicado de Dinorah Figuera está firmado por Marco Rubio, firma que no se ve en el comunicado, pero todos sabemos que está y que, por supuesto Jorge Rodríguez la ve, la siente, aunque no la ve, pero que obviamente está y no le queda más remedio que consentir la reunión. Después de todo es lo que le sugiere su pragmatismo y que vale más ser tutelado que expulsado del poder.
Sin embargo, Jorge Rodrífuez se da sus mañas y redacta su escueto comunicado como si su comparecencia en la mesa tiene que ver con otro objetivo que no es el político sino como enfrentar “juntos las consecuencias de doblete sísmico”.
La sensación es como si hubiera dos mesas que priorizan dos objetivos diferentes.
Quiero confesarles que cada vez que de un lado u otro sale a relucir la formación de una “mesa técnica” las dudas, como si fuera un tumor cerebral empieza a comerme las certezas.
También quiero confesarles que no conozco a Dinorah Figuera. Aunque, eso me suele pasar con la mayoría, por no decir la totalidad, de los diputados por los que he votado y de quienes conozco poco o nada. Creo que le pasa a una buena parte de la población venezolana cuya distancia entre ella y quien dice ser su representante fue, y lo es, cada día mayor.
Yo, por ejemplo, estoy seguro de que, en las elecciones para la Asamblea Nacional de 2015, de haber vivido en la circunscripción electoral 1 de Anzoátegui, hubiese votado por Luis Brito, en las listas de la MUD. Creo que lo hice por Timoteo Zambrano, diputado-lista de la oposición por el edo. Zulia (pero, realmente no me acuerdo, hace tanto tiempo ya). Ambos reconocidísimos “alacranes”. Pero, claro, me libero de la culpa en ese acto realmente mecánico, porque solo se descubre la verdadera naturaleza del escorpión cuando se monta en la espalda de la rana para atravesar la laguna.
No quiere decir que estoy homologando a Figuera con el llamado “alacranato”, esa especie de diputados que, prebendas mediante, traicionaron a sus representados y se pasaron a ser funcionales dependientes de la dictadura. Los que la conocen de verdad, hablan de su honestidad, seriedad, compromiso con los valores democráticos y así se ha conducido en la vida y en su actividad política.
Pero, no puedo prescindir de la suspicacia que me produce.
Ella ha hablado y repetido que viene en un asunto institucional y “no político” (No sé qué quiso decir con esta afirmación), aunque sí, es verdad, que es la mediadora en un asunto institucional, pues, viene en representación, no tanto de la Asamblea Nacional 2015 sino del Departamento de Estado (es decir es una actividad expresamente política, aunque ella erróneamente, cree que la política es solo lo que hacen los partidos políticos)para que no quede duda de que estamos viviendo, no tanto bajo una tutela o protectorado que se ejerce por parte de EEUU sobre el régimen, sino, también sobre sectores de la oposición.
Pero, bueno, el caso es que se ha convocado la instalación de una nueva “mesa de diálogo” Otra mesa técnica más, creo que es la undécima. Nadie como el régimen para aceptar sentarse en la tantas veces llamadas, “mesa técnica de diálogo”, y ya cuenta con una experiencia amplia a lo largo de los veintisiete años en el poder donde ha propuesto y dirigido una cantidad significativa de “mesas técnicas” que “técnicamente” no ha cumplido absolutamente nada de lo acordado en ella, especialmente porque los representantes del régimen no han sido, hoy tampoco lo son y creo que esa aseveración es válida para el futuro, no serán actores confiables que mantengan lo acordado, porque, hasta ahora después que ha logrado conseguir sus objetivos se han retirado de las mismas.
Todos sabemos que el dialogo, los acuerdos son necesarios, especialmente en escenarios de una suerte de empates catastróficos (empate digo, porque si bien es cierto que la oposición cuenta con la dirección hegemónica de la sociedad, el régimen cuenta con el dominio de esta, por el poder y control de toda la arquitectura del poder del Estado). Pero honestamente, con todo el respeto que merece la Sra. Figuera, ella no tiene la representatividad política de la oposición mayoritaria, aun cuan esta vez, parece que una MCM y Edmundo Gonzales Urrutia, totalmente excluidos de tal iniciativa, parecen haber consentido em darle beneplácito a la propuesta.
Pero, bien, abundarán aquellos que dirán que esta vez el principal invitado a la mesa, la administración Trump (además de Dinorah Figuera) hará cumplir lo que se acuerde si es posible por la fuerza. Pero ya sabemos, que después del mediodía del 3 de enero, tampoco la administración Trump es un actor confiable para la recuperación de la democracia, esta nunca fue su propuesta y por eso nunca la ha mencionado. Su apuesta, siempre, ha sido por el petróleo, el oro, las tierras raras o cualquier cosa que pueda convertirse en un negocio. Otros dirán que la presencia de Marco Rubio es garantía de tal cumplimiento, pero no olvidemos que el “pequeño Marco” como lo llama Trump en la más estricta intimidad, es un empleado de libre remoción de este y entre su ambición de llegar a ser candidato y eventualmente presidente de USA y la democracia en Venezuela, estoy seguro de que optará por la primera.
Pero, bueno, no puedo evitar que me asalten las dudas. Dudas que me hacen repetir con Hanna Arendt: “Ya no creo en nada”, ojalá esté equivocado.
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