Opinión

El resuello del moribundo Por Marlon Jiménez García

Cuando la muerte ronda, los espíritus «buenos o malos» se manifiestan de distintas maneras. Cuando es de un espíritu malo, los espacios se reducen a su más mínima expresión; la esperanza no solo la pierde el moribundo, sino quienes lo acompañan. Dicen que cuando un «espíritu malo» actúa de manera insoslayable las consecuencias son dramáticas, y si estas se desarrollan, lógicamente, sin la presencia de Dios, son irreversibles.

El «comandante eternamente enterrado» en su relación íntima con los cubanos, después de haber sido, según Elena Frías de Chávez, una persona ligada a la iglesia católica, comenzó a tener contactos con sectas satánicas como: babalaos, paleros, lukumi, entre otras, en Cuba. Por influencia determinante de Fidel y de Raúl, se adentró en el mundo del sincretismo religioso y aceptó un camino que lo llevó a su destrucción moral, psíquica y física; sin proponérselo, aceptó un espíritu malo a nivel de su conciencia y de sus acciones. La obsesión por el poder que llevó a cabo, asolando todo a su paso, sin consideración ni misericordia por los afectados, es el dominio que los malos espíritus ejercen sobre las personas con el fin de enseñorearse de ellas y someterlas a su voluntad por el placer que experimentan causando daño. 

El espíritu malo es perverso y dañino, arrastra a la persona como si la tuviera dentro de una red, paralizada a su voluntad, le obliga a cometer extravagantes, a pesar suyo; en una palabra, le magnetiza, le produce la catalepsia moral, y entonces el individuo se convierte en ciego instrumento de los gustos del espíritu.

El USURPADOR procubano, quien vivió y se formó en Cuba durante más de 14 años está metido hasta los “tequeteques” y asumió por mandato de los satánicos cubanos, las normas preestablecidas, antes de la muerte de Chávez, el fundador del régimen maligno; y siguió, con el espíritu malo que ya tenía previamente incorporado, al pie de la letra esas malvadas indicaciones. De allí ese trato malévolo y satánico con la sociedad en general, ya que ésta con la fuerza indetenible del soberano y con el apoyo inequívoco de Dios tiene al espíritu malo, moribundo, casi en el último resuello. 

El 9-E marcó un estadio de renovación en el contexto global: político, económico, social, ético, religioso y una victoria indiscutible del «espíritu bueno». La Sociedad opositora de manera integral tiene que cumplir el papel, de lograr a través de una Ley de Amnistía y de otros instrumentos legales, la reconciliación nacional, para coadyuvar en la paz y las libertades ciudadanas y construir una Venezuela, con un nuevo viraje en lo económico, de prosperidad y progreso.

Para ello, es indispensable construir una verdadera oposición y en Unidad Nacional, sin mezquindad, sin odios ni rencillas que permita la salida de los “espíritus malos” del poder para que llegue a reinar el progreso, la libertad, obviamente, con un sistema de gobierno auténticamente democrático y de verdadera Justicia Social. Estamos pronto por alcanzarlo, solo falta el coraje y la valentía que ha tenido, para enfrentar el “espíritu malo”, el pueblo Ucraniano, es decir, para vencer al “carnicero del Volga” y sus huestes asesinas.  Muerte al régimen; del moribundo, esperemos su último resuello.

Profesor Universitario

Marlons.jimenez55gmail.com

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