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¡En la onda del fútbol!, Por David Figueroa Díaz

La semana pasada escribí sobre las impropiedades y los vicios que se han arraigado en el lenguaje deportivo, para darle continuidad a la serie de artículos en los que me he referido al periodismo en sus diferentes facetas. Hablé de algunas situaciones viciadas en las que una gran cantidad de narradores y comentaristas incurren por desconocimiento y por otras razones.

Me referí concretamente al caso de los narradores y comentaristas de fútbol, deporte en el que, por muchas causas, son más notorios. Como era de esperarse, recibí inquietudes y sugerencias, pues a algunos les pareció que me quedé corto, y que debía ampliar mi exposición. Por eso estimé prudente volver sobre el tema, a propósito de que en los actuales momentos la mirada de los aficionados y fanáticos del balompié está en la Eurocopa y en la Copa América. Es decir, estamos en la onda del fútbol.

Uno de los que tuvo la gentileza de mostrar su parecer fue Manuel Castillo, amigo desde hace muchos años, con quien suelo hablar de diversos temas, sobre todo de deporte, con especial énfasis en el fútbol, actividad en la que Manuel tiene grandes conocimientos, dado que es árbitro colegiado en situación de retiro; pero aun así se mantiene actualizado sobre las modificaciones que de manera periódica son introducidas en esa disciplina, en virtud de adaptarlo a la dinámica actual. Me recomendó que ampliara lo de «mínima diferencia».

Se ha vuelto una mala costumbre en el lenguaje futbolístico el uso de la expresión mínima diferencia para señalar que un equipo ganó por un gol a cero. En ese despropósito incurren muchos narradores y comentaristas que no se han percatado de que es impropia. ¿Y por qué es impropia? ¡Simple y llanamente porque, si bien es cierto que entre uno y cero hay una mínima diferencia, también la hay entre dos y tres, cinco y seis, ocho y nueve, diez y once, etc.!

Es justo reconocer que no todos los narradores y comentaristas de fútbol son divulgadores de esa impropiedad, dado que existen otros que sin ínfulas de grandeza, en cada actuación demuestran su calidad profesional, lo cual les permite ganarse la simpatía de los que siguen ese deporte por los medios de comunicación. No solo en la radio y en la televisión se oye el mencionado despropósito; también los cronistas deportivos, quizás influenciados por estos medios, se han convertido en multiplicadores. La frase adecuada es la mínima anotación, o un gol por cero, y ya.

En cuanto a las personas que se encargan de dirigir los partidos e impartir justicia en ellos, la cosa es parecida, toda vez que muchos de los que narran y comentan se han quedado atrás. Es frecuente oír que el equipo tal cobrará un tiro libre de segunda, o que el gol vino después de un tiro libre de segunda. Eso lo hacen, no porque les guste lo antiguo, sino porque desconocen que desde hace varios años esa denominación cambió, y ahora se le llama tiro libre indirecto, lo cual implica que después de ser ejecutado, el balón deberá ser tocado por otra persona. Sobre esto no deseo dictar cátedra, habida cuenta de que solo soy un redactor con elementales conocimientos en materia futbolística.

También hay quienes siguen hablando de la terna arbitral (grupo de tres), cuando se reglamentó la existencia del cuarto árbitro. Lo correcto es cuarteta arbitral. Otros estiman que esa figura no cumple funciones arbitrales; pero el hecho de que aparezca en el reglamento, es suficiente para no dudar.

Los conocedores de la materia advierten que ahora no es adecuado hablar de árbitro principal, pues solo existe uno, y los demás son asistentes. Con base en ese criterio, son dos: primero y segundo. El primero es el que se ubica en la línea por donde, en los estadios adecuados, los equipos salen al terreno de juego; mientras que el segundo estará en la de enfrente. En resumen, habrá un árbitro, dos asistentes y el cuarto árbitro. Este último, cuando la situación lo amerite, podrá asumir el rol del árbitro. Todos son árbitros; pero de acuerdo con la función que habrán de cumplir, recibirán diferentes denominaciones.

En relación con el tiempo de descuento, tema bastante trillado, es menester volver a señalar que en el fútbol no se descuenta, solo se añade para compensar el que se ha perdido por las diferentes situaciones del juego, que impliquen paralización. Podrá llamársele tiempo añadido, adicional, reposición, agregado, recuperación u otro vocablo afín; pero no descuento.

Tengo entendido que las personas que se encargan de impartir talleres sobre las reglas del fútbol, insisten en hablar de tiempo de descuento, porque supuestamente así está establecido en el reglamento. Eso no es cierto, pues la regla siete (duración del partido), en el inciso tres establece que «el árbitro podrá prolongar cada período para recuperar el tiempo de juego perdido…», así de sencillo.

Para hacer este comentario fue fundamental el apoyo de varias personas conocedoras de la materia, entre ellas el colega locutor y periodista Arnoldo Fréitez; varios contertulios del grupo de WhatsApp Impacto deportivo, y de Jesús Rodríguez «El Matador», a quienes les agradezco la gentileza de haberme ilustrado en este asunto, que aunque no me es ajeno, no lo manejo con relativa facilidad.

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