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Entrevista: «El gobierno de Guaidó es una empresa en quiebra» Análisis de María Torres Gianvittorio

Profesora universitaria, abogada y consultora política, María Verónica Torres Gianvittorio tiene algo muy claro: gente como Leopoldo López, Julio Borges y Henry Ramos Allup deben salir de escena y abrir paso a un nuevo liderazgo y a partidos que se manejen con criterios democráticos

Llegas a la conclusión de que María Verónica Torres Gianvittorio decidió cerrarle la puerta al desánimo que puede generar un país como este. Es un mérito importante, considerando el nivel de conciencia que maneja sobre lo que es el gobierno y lo que es también la oposición política.

Los ha estudiado a ambos y lo sigue haciendo: es abogada, con títulos en estudios políticos en España y Chile; es consultora, docente universitaria y también directora del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Monteávila, en Caracas.

Y son sus ocupaciones profesionales las que sustentan ese optimismo: recorrer el país, dar clases, impartir cursos y talleres de formación ciudadana y democrática, le permite calibrar mejor la situación política más allá de los arrebatos de las redes sociales. Eso, claro está, sin escamotear la realidad y entendiendo que es mucho lo que falta por hacer: empezando por cambios radicales en los partidos de oposición a los que prescribe la urgente necesidad de una dosis de una medicina que no parecen tolerar muy bien: democracia.

-Estamos así: una crisis económica prolongada, nadie cree ni en los políticos de la oposición ni en los del gobierno y asumimos que estamos bajo un régimen autoritario. Nada más falta que pongan “Por estas calles” en Netflix y reeditamos el panorama de antipolítica que tuvimos ya. Considerando este presente al que nos trajo la antipolítica, ¿a dónde nos podría llevar esta nueva ola?

-Este momento político que estamos viviendo se parece más a “Better Call Saul”: todo el mundo está en un resuelve como sea. Sí tenemos una orfandad política. Y más que una orfandad política creo que la imagen sería la del hijo que ya no respeta al padre por borracho, mujeriego y sinvergüenza. El hijo que no respeta al padre porque no ha sido cabeza de familia. Tanto en la oposición como en el gobierno.

Y veo de manera positiva esta orfandad política porque creo que estamos transitando el cambio de la mentalidad patrimonialista, donde el Estado tiene que darte todo, a una mentalidad donde el individuo es consciente de que es el dueño y responsable de su futuro económico. De hecho, las ayudas del Estado han mermado y la gente ha vuelto a encontrar el valor del trabajo.

Sin embargo, no coincido contigo en el tema de la antipolítica. Porque la antipolítica es el rechazo a la política como oficio y a los políticos como profesionales de la política. Más que antipolítica en este país lo que hay es orfandad política, pero la gente sigue teniendo interés en la política, sigue teniendo opinión, tiene muy claro quiénes son buenos y quiénes son malos referentes. La gente está interesada por los asuntos públicos, cada vez hay más iniciativas sociales. Entonces sí, tenemos unos malos políticos, pero tenemos una ciudadanía muy involucrada en echar para adelante y entender la necesidad de reinstitucionalizar al país.

-Cuando hablo de antipolítica y lo equiparo al momento previo a la irrupción de Chávez, me refiero justamente al rechazo hacia los partidos, hacia las figuras políticas, al “no confío en nadie, nadie me representa, aquí hace falta un cambio”. Opinar, todos opinamos y ahora se multiplican en las redes, antes no… Pero sí está esa pérdida de fe, de que todo el mundo es ladrón y no nos ocupamos ya de la política, lo que estamos es en la sobrevivencia algunos y en hacer plata, otros… La política quedó echada a un lado.

-No lo veo tan así. En 1998 Venezuela tenía una economía que no era la mejor pero era aun pudiente dentro de Latinoamérica. En este momento tenemos una economía deplorable, con signos de mejoría, pero deplorable; tenemos unos sistemas públicos de salud que no funcionan, y la crisis humanitaria persiste. Pero sí veo que la gente quiere participar en política. Y una de las cosas que me ha llamado mucho la atención -y que he celebrado y valorado para bien- es que los jóvenes de los partidos políticos –AD, PJ, VP- han decidido abrirse a nuevas plataformas: abandonaron a estos partidos porque no se sentían representados y están construyendo nuevas estructuras.

Y por otra parte, está la cantidad de ONG, organizaciones ciudadanas, las organizaciones vecinales que están volviendo a cobrar vida. Cuando recorres el interior del país y te reúnes con gente, desde la que puede tener acceso a divisas y la que menos acceso tiene, en todos hay una conciencia de la necesidad de volver a la descentralización y al fortalecimiento de los gobiernos locales.

No veo un momento de antipolítica. Creo que seguimos esperando una buena opción política. Creo que ha bajado muchísimo esto del mesianismo, del culto a la personalidad del político. Creo que los venezolanos en general estamos muy involucrados con lo que está pasando, a diferencia del 98. En teoría política se dice que la antipolítica es la cuna de los totalitarismos. Y eso fue lo que pasó en Venezuela porque la gente se desprendió de los asuntos públicos. En 1998 no solamente había un rechazo a los políticos, sino que también había un desprendimiento del control y seguimiento ciudadano de la gestión pública. Ahorita no lo hay porque es imposible hacerlo, pero sí hay interés por formarlo.

Y aunque yo vi muy mal las elecciones municipales y regionales del año pasado, sí hay que reconocer que hay un nuevo interés desde los gobiernos locales por formarse para gobernar y para descentralizar. Y eso lo he visto desde el chavismo hasta la oposición. Entonces, hay una nueva movida política que no se identifica con las cabezas de los partidos políticos ni de oposición, ni del gobierno nacional, pero que sí está intentando levantar, por lo menos, una nueva conceptualización de la política.

-También hemos pasado de ciertos picos de esperanza en propuestas de la oposición, al desengaño, a decir que el chavismo sigue en el poder por culpa de la ineptitud de la oposición y más recientemente a asegurar que ya no es ineptitud sino complicidad. ¿De verdad a la oposición política le conviene estar a la sombra del chavismo, sin tener poder real?

-Desde el punto de vista económico les conviene. La cantidad de recursos económicos que recibe la oposición por cooperación internacional y por donaciones de privados, es impresionante. Luego, el informe del año antepasado de la USAID sobre Venezuela decía que solamente se implementó el 2% de la ayuda y que el otro 98% era inauditable. Con lo cual, significa que hay graves problemas de corrupción en la oposición. Por eso sí creo que desde el punto de vista económico les interesa.

-¿Es un negocio ser oposición?

-Es un negocio muy lucrativo. Más allá de que si ellos están ganando dinero o no, me preocupa algo más profundo. Me preocupan rasgos que puedan surgir a futuro. Definitivamente sí creo que hay una gesta ciudadana por recuperar algún tipo de institucionalidad, pero me preocupa gravemente la herida que tenemos en nuestra alma de pueblo. En filosofía política se maneja un postulado de la antigua Grecia y es el principio antropológico que dice que la ciudad es el hombre en letras mayúsculas. Algo pasa en nuestra alma de pueblo venezolano que no solamente escogimos a Chávez y lo mantuvimos en el poder los primeros años, sino que además hemos escogido a estos líderes de oposición que en la práctica no se han diferenciado del gobierno. Algo pasa en nuestra alma de pueblo que elegimos autocracias y corrupción. Eso es lo que hay que cambiar.

Algunos teóricos encuentran la explicación en el tema del petróleo, otros van a una explicación más sociológica de la Venezuela matricéntrica y la falta de figura paterna autocrática en el pueblo venezolano. Pienso que es más bien falta de formación ciudadana y falta de formación democrática. Y esa falta de formación democrática se corresponde con que seamos el país de Latinoamérica que durante más años haya tenido gobiernos militares.

Esta oposición ya nos costó lo que nos costó. Ya se robaron lo que se robaron. Ya hicieron el mal papel que hicieron. Lo que me preocupa es qué se está gestando en la nueva generación: ¿liderazgos para la libertad o liderazgos para la autocracia?

-Sin pretender pasar por teórico, hay otra opción: tenemos muy internalizado que la política es una actividad sucia y tratamos de no vincularnos porque es cosa de corruptos y el que se mete a político es porque está buscando poder económico. Pero manejar esas ideas termina por hacer que de verdad la política quede en manos de los peores.

-Así es. Ese es precisamente el castigo del que Sócrates habla: es el castigo por el cual la gente honorable se mete en política. La gente asocia a la política con un oficio deleznable, de vagos, de los que no sirven para nada, con un oficio de ladrones y mentirosos. Pero con esa conceptualización de la política es un flaco favor el que hacen al desarrollo de las sociedades. Primero, es una manera errónea de verlo. Y es un flaco favor porque es la manera en que la izquierda radical ha logrado sembrar el mensaje de desentenderse de los asuntos públicos porque es algo malo, no es honorable.

La verdad es que la política –y dirán que me fumé algo- es la forma más hermosa del amor humano. Esto no es un asunto comeflor, es la verdad. Se trata de querer el bien del otro por el otro. Y además, con un interés intergeneracional: nosotros hoy somos lo que somos y tenemos conciencia democrática porque grandes políticos formaron a este país. Y tenemos esa reserva moral.

Sócrates diría que el hombre bueno no entraría en política en primer lugar para que no se pensara que buscaba el honor y el reconocimiento. En segundo lugar, para que no se pensara que quería hacerse de las arcas públicas. Y en tercer lugar, solo entraría en política por miedo al castigo y ese castigo es ser gobernado por los peores.

La izquierda radical ha sido muy eficiente en esta bandera de que la política es mala, es perversa. Pero eso no es cierto. Y querer el bien del otro implica dedicar los mayores y mejores esfuerzos al bien común. Quizás cuando hablamos de esto nos vienen a la mente cualquier cantidad de líderes locales, líderes sociales, que han dedicado su vida a servir y sin embargo no han llegado a cargos públicos, ni a tener el espaldarazo de los partidos. Ese es el político exitoso: el que sirve para el bien de los ciudadanos, sirve para el bien del otro, incluso aunque nunca llegue a un buen cargo. La medida es la mayor cantidad de servicio desprendido.

-Hay quien asume incluso que el político no debe cobrar por su trabajo… A fin de cuentas todo se reduce a que las instituciones sean fuertes, que contengan y castiguen las irregularidades, y eso también requiere de la participación de los ciudadanos.

– Yo soy una convencida de que con mejores sueldos, mejores oportunidades, menor corrupción. Sí existe esa tendencia a pensar que los políticos no deben ganar dinero, cosa que es absurda porque de algo tienen que vivir. También hay una mentalidad errónea en este país desde la cuarta y es eso de que el político bueno debe morir pobre, pero la política es un oficio profesional, que requiere, además, cualquier cantidad de estudios y de esfuerzos personales y familiares. A mi me pasa, me llama gente para pedir proyectos, campañas o asesorías y me piden que no cobre porque es por el bien del país. Yo amo este país y quiero estar dedicada a este país, pero eso implica –entre otras cosas- poder sobrevivir en este país.

“Maduro es un excelente administrador de grupos de poder en el país. Y eso es lo que lo ha mantenido y lo tiene tan afianzado”

-También cargamos con esa idea de que en cualquier pequeña organización que administre recursos, algo se están robando siempre… Desde la junta de condominio hasta la presidencia, sospechamos de todos. Y así no podemos llegar a nada. Tú eres optimista, pero creo que a pesar de estos años de chavismo y de los cambios del país, seguimos sin aprender cosas básicas con respecto a la política…

-Sí, totalmente. Yo soy optimista de las potencialidades del momento, pero esto implica muchísimo trabajo, implica formación ciudadana. Yo recorro el país dando formación ciudadana constantemente y los partidos políticos no lo ven bien. Y me refiero a los de oposición. Para ellos es mucho más efectivo dar formación para procesos electorales y en eso tienen a la gente ocupada. Y este es el momento para dar formación ciudadana y poder cambiar esa herida en nuestra alma de pueblo, esa herida autocrática. Estamos en un momento de surgimiento de liderazgos que posiblemente no veamos en los próximos años, así que hay que empezar a sembrar semillas de libertades. Pero no es un trabajo fácil, es un trabajo utópico. E implica una cantidad de sacrificios que, afortunadamente puedo hacer, pero no todo el mundo puede. Y para una mujer joven es mucho más difícil porque el mansplaining es una cosa absurda. Me consigo con gente de la cuarta que tiene algún cargo en un partido y son los más resistentes a hablar de libertades ciudadanas y más si viene de la juventud, o de mujeres. Es difícil, pero también es el momento en el que podemos hacerlo. Quizás los próximos años ya tengamos un liderazgo consolidado que no esté orientado a la libertad, así que los mayores esfuerzos tienen que estar orientados a derrocar a los potenciales liderazgos autocráticos que están naciendo ahorita.

-Durante mucho tiempo unos cuantos académicos se quemaron el coco tratando de definir qué tipo de gobierno es el chavismo: populista, autoritario, comunista, socialista, fascista, dictadura, dictablanda, neototalitarista… ¿Cuál es la etiqueta que mejor lo define?

-Este es un gobierno definitivamente totalitario, en transición hacia un Estado gangsteril. Ya no se ve en la narrativa y en la moralidad pública la necesidad de una redención del alma del venezolano, ya no hablan de esto. Eso era un proyecto esencialmente de Chávez. Maduro no lo ha mantenido por un tema posiblemente de condiciones y de ideología personal. Maduro no ha logrado tener esos tintes de totalitarismo de redención del alma humana, pero sí hacia un Estado gangsteril porque en Venezuela coexisten varios grupos irregulares armados. Y quizás el reto del gobierno es la administración de esos grupos, más allá de los temas de orden público. Para Maduro es mucho más retador mantener en paz y mantener los espacios de estos distintos grupos irregulares que hacen vida en el país, que otros asuntos de la crisis humanitaria que persiste o de otros asuntos como el petróleo. Ese es el principal problema del gobierno hoy en día.

-Pero no son solo irregulares armados, con mucha frecuencia parece que se escapa del análisis el hecho de que un grupo regular controla buena parte de la economía y de las decisiones políticas que se toman en el país: la fuerza armada.

-Así es. Pero falta tanta información para hacer un buen análisis que no me atrevo a pronunciarme. Es tan hermética la información…

-Es y no es hermética. Control Ciudadano, por ejemplo, ha hecho un seguimiento de mucha de esta información, cargos públicos en manos de militares y empresas que están facultadas para todo: desde hacer ropa, hasta minería. Pueden participar en cualquier actividad productiva.

-Desde ese punto de vista sí. Y eso reafirma este comportamiento de nosotros como pueblo que siempre busca la autocracia militar en todos los aspectos. El tema de los militares preocupa especialmente porque han llevado a los organismos públicos la ética militar de obediencia y de cadena de mando. Y eso ha hecho que la mayoría de los funcionarios públicos no tenga un pensamiento económico y profesional independiente. Y sí, es terrible. Y además es muy peligroso porque los militares no tienen la mejor formación para el manejo de muchas de esas áreas.

“Lo primero que tendrían que hacer los partidos políticos es que las principales cabezas renuncien”

-¿Y cómo definir al “gobierno” de Guaidó? ¿Es una fantasía, una alternativa concreta y real, una decepción, un sacrificio que no hemos valorado bien o es un delirio cada vez más extraviado?

-El gobierno de Guaidó es una empresa en quiebra. Eso porque les han retenido cualquier cantidad de fondos de cooperación internacional, de ahí que se hayan separado los partidos más grandes, Primero Justicia y Voluntad Popular. Creo que ellos realmente nunca funcionaron como un gobierno en el sentido de que nunca dieron los espacios políticos y ciudadanos necesarios. En algún momento, y esto lo digo con dolor, van a perder las representaciones de activos y las representaciones internacionales porque lo han gerenciado muy mal y Maduro es muy hábil y tiene muchísimo más poder para demostrar administración sobre esos asuntos. El poder de Guaidó es representativo, el de Maduro es fáctico.

Duele, pero la verdad es que han sido nefastos y han sido traidores a la ciudadanía, a la esperanza que representaban, traidores de los apoyos internacionales. No sé si Leopoldo López es consciente de lo que significaban los apoyos internacionales, empezando por el apoyo de Trump. Y además han entorpecido procesos de liberación del país. Por ejemplo, la política de Estados Unidos al principio del interinato era bastante clara, pero luego el mismo interinato entorpeció muchos procesos que se estaban dando.

En este momento el interinato es como el exnovio chimbo, el que te rompió el corazón y no quieres saber nada de él, pero ahí está en tu historia…

-No puedes borrar las fotos…

-No las puedes borrar y la gente ya sabe que pasaste por ahí.

-¿Alguna vez ese gobierno interino fue una opción real o nos convencimos por una lógica misteriosa?

-Sí fue una opción real en el momento en el que la comunidad internacional les dio tanto apoyo. Sí lo fueron. Ahora, toda la institucionalización que ellos plantearon era un absurdo. Por ejemplo: el TSJ en el exilio fue un absurdo desde el primer momento. Las representaciones diplomáticas fueron un absurdo también. Entonces, al principio fueron una opción real, pero el policamburismo venezolano, el repartir los cambures, hizo que el poder se diluyera. Y que, por supuesto, no hubiese posibilidad de unidad.

-También estaba sustentado todo en el “Maduro vete”. ¿Y por qué tendría que irse si tiene el poder y todo en las manos?

-Es un desconocimiento de la política más elemental. Recuerdo que cuando empezaron el interinato nos llamaron a grupos de académicos a discutir proyectos de ley, incluso antes, con la Asamblea de 2015. Y se dieron conversaciones muy interesantes que nunca llegaron a nada porque políticamente no eran atractivas. Y luego está esta cultura electoralista terrible. Creo que los venezolanos tenemos que empezar a establecer responsabilidades personales a los grandes culpables de esto. Por ejemplo, Julio Borges es un personaje de la política absolutamente deleznable y fatídico. Lo mismo Leopoldo López. Y hay que responsabilizarlos.

-¿Cómo resumes esto que dices? ¿Por qué Borges y López?

-Porque no han adoptado en sus plataformas las exigencias mínimas democráticas que sí le exigen al gobierno de Maduro. En ese sentido, han aplastado liderazgos, han traicionado voluntades ciudadanas y han ofrecido a la comunidad internacional cualquier cantidad de prebendas que eran irrealizables. Se han vuelto unos scouting de causas y de fondos y no se volcaron a lo importante, que es devolver la democracia a Venezuela. Y reitero que los venezolanos tenemos que empezar a poner nombre y apellido. Yo pienso que ellos dos, y por supuesto Henry Ramos Allup también tiene una responsabilidad grandísima ahí.

Ahora Primero Justicia está hablando de renovar liderazgos, pero una renovación luego de veinte años y después de que acabaron con las plataformas locales, es absurdo. Pero además asumen esta nueva posición porque se dieron cuenta de que es trendy, es lo que la gente quiere, mas no por intenciones reales de descentralizar el partido porque los liderazgos locales siguen sin ser escuchados. Y eso lo puedes confirmar con cualquier dirigente municipal del país. Y lo mismo pasa con VP. Celebro que las juventudes estén renunciando y abriendo su propio camino porque los partidos políticos tienen que ser cunas de democracia, no de autoritarismo.

-¿Qué pueden o deben hacer los partidos para recuperar el prestigio, el ímpetu? ¿O ya todo está perdido con esa gente?

-Esa asesoría me la han pedido muchas veces y siempre ha terminado en situaciones desagradables.

-¿Piden asesorías y luego no te quieren escuchar?

-Llegué a un punto en el que cuando me llaman les pregunto: dime por qué te cobro, ¿por decirte lo que tu quieres o por decirte la verdad? Lo primero que tendrían que hacer los partidos políticos es que la directiva o por lo menos las principales cabezas, renuncien y den paso a nuevos liderazgos regionales. Que los tienen. Abandonados, pero los tienen. Eso sería una fuente de confianza importante para la ciudadanía: que las fórmulas democráticas que exigen en lo nacional, las apliquen en lo particular.

Lo segundo que tienen que hacer es terriblemente difícil y no lo van a querer asumir, pero tendrían que hacer un ejercicio de transparencia, hacer auditoría de la plata recibida y en qué se ha gastado. Y empezar procedimientos disciplinarios contra aquellos militantes que no han implementado correctamente los fondos que se les asignaron. Es posible que haciendo eso se queden sin militantes, pero también es posible que surjan nuevos liderazgos y vuelvan a tener algún tipo de credibilidad.

Lo tercero, es dejar de utilizar a la gente. Siempre que me reúno con quienes me piden asesorías les digo “por favor, dejen de tomarse el selfie con la abuela, con el niño, con el barrio. Dejen de utilizar a la gente y empiecen a trabajar en propuestas”.

Tienen que empezar a formar gente para gobernar, no para dominar. Que dejen de estar dando formación sobre doctrina y empiecen a dar formación para la gobernanza. La doctrina que han implementado, además, es contraria a la que tanto promulgan.

-Hablemos de la gente, de nosotros: nos pasamos opinando sobre los políticos y también sobre lo que debería hacer “la gente”. Pero, ¿en realidad qué pueden hacer quienes de verdad quieren un cambio político además de pasarse el día tuiteando amarguras? Parece que hay mucha “gente” que cree que “hacer algo por el país” es lanzar cuatro tuits al día y ya “luché por la patria”.

-Hay una fórmula filosófica para luchar contra gobiernos autoritarios. La primera etapa es no odiar. Y eso significa plantearse seriamente la reconciliación con las personas con quienes no compartes ideología política. Ahora bien, esa reconciliación tiene que pasar primero por la justicia. Y la gente tiene que intentar hacer alguna especie de pacto de pueblo donde haya reconocimiento de los errores de parte y parte y crear cohesión ciudadana.

La segunda parte de la fórmula sería comenzar los procesos de control ciudadano sobre la gestión pública. Es muy difícil, pero se pudiera empezar a implementar en los gobiernos locales y es una manera, además, de fomentar la descentralización. Y la tercera es llevar medios democráticos a las estructuras políticas, que es lo que veníamos hablando.

Esa es la fórmula filosófica más elemental. Hablando en el contexto venezolano y hablando de tú a tú, te puedo decir lo que yo he escogido y lo que transmito en mis clases y en mis proyectos: en una Venezuela de lo circunstancial, donde todo se mueve rápidamente y a conveniencia del poder político-militar y económico, en esa Venezuela de lo circunstancial yo he decidido dedicarme a lo permanente. Y dedicarme a lo permanente es formar ciudadanía para la conciencia democrática intergeneracional.

Cuando Chávez llegó al poder yo tenía nueve años y tengo conciencia democrática gracias a la reserva moral de mis padres, abuelos y de muchos ciudadanos. Eso es a lo que me he dedicado y me sigo dedicando mientras pueda. A eso pudiéramos aspirar como ciudadanía: todas las iniciativas de ayuda, de formación, de asistencia ciudadana, trabajan en lo permanente. No podemos cambiar la estructura de los partidos políticos porque no depende de nosotros, ni sacar al gobierno, pero sí depende de mí enseñar y formar conciencia ciudadana. Y eso lo podemos hacer en distintos espacios, hay muchas organizaciones trabajando en esto. Ese es el trabajo que debemos hacer: reconstruir desde lo pequeño. Ahora, ¿es un trabajo fastidioso? Sí, puede serlo. ¿Es a largo plazo? Sí lo es. Quizás yo misma no vea los resultados. Pero esa es mi decisión y es lo que recomendaría a las personas que tienen la intención de trabajar por el país: trabajar en lo permanente, devolver la conciencia ciudadana y formar a individuos para la libertad.

-¿Twitter no funciona un poco ahora como desmovilizador como un mecanismo de apaciguamiento? Es decir, me quejo, digo cuatro cosas, destilo un poco de odio y ya hice patria. Me conformo.

-Yo le tengo pánico a Twitter. Lo uso lo necesario. Pero puedo entender que las redes sociales sean un medio catalizador porque no había otro medio para la expresión. Puedo entender que la gente no se sienta representada y vacíe sus frustraciones a través de las redes sociales. Esto también nos habla de un país poco reflexivo y que ha aprendido poco estos años. Pero también hay que tener en cuenta que cerca de 80% de la población no tiene acceso a internet. O tiene un acceso limitado. Entonces, lo que vemos en Twitter son unas élites de internautas, por decirlo de alguna manera, que corresponden a un mismo patrón. Sobre todo hay mucha gente que vive afuera y que tiene un enorme dolor por haber salido del país, que en ocasiones se transforma en odio. A veces pongo algo en un tuit y me responden con distintos matices de odio.

Yo diría que empecemos a entender que el país es mucho más profundo y complejo y mucho más emprendedor que lo que hay en redes sociales. Y eso lo saben quienes lo recorren. La gente está muchísimo más ganada a la cohesión ciudadana y a la reconciliación y a la reinstitucionalización del país que lo que vemos en Twitter.

-Ahora se nota una especie de tendencia entre “analistas” o “comentaristas” que desde fuera del país concluyen que quienes nos quedamos aquí nos rendimos, nos apaciguamos y quedamos embobados por los bodegones y los leves signos de movimiento económico… Esto conduce a dos preguntas en una: ¿Por qué a los analistas les molesta tanto la existencia de los bodegones? ¿De verdad nos rendimos?

-Yo me pregunto lo mismo sobre los bodegones…

He limitado mis conversaciones con algunos que viven afuera precisamente por esta visión como con lástima. Mi entorno, mi familia y yo, no nos hemos rendido. Yo sigo aquí trabajando y haciendo lo que tengo que hacer. Me he ido del país varias veces a estudiar y trabajar y siempre tengo la necesidad de volver y hacer lo que tengo que hacer aquí. Creo que cuando nos vienen con esa lástima y esa condescendencia, tenemos que buscar las aspiraciones más íntimas de nuestra personalidad. Posiblemente yo pudiera ser una analista en una universidad de afuera, pero ¿realmente eso se corresponde con las aspiraciones de mi personalidad? No. Las aspiraciones de mi personalidad son estar aquí, hacer país mientras pueda y mientras me lo permitan. Y ese es el ejercicio que me ha servido para tranquilizarme cuando amigos y familiares desde afuera se ponen un poco intensos con este tema.

Luego, tampoco entiendo cuál es la crisis que le da a la gente con el tema de los bodegones. Efectivamente los bodegones se corresponden con un ejercicio irregular de la economía, eso no es un secreto, igual que los conciertos que hay ahora. Pero también es verdad –y no los estoy justificando- que los bodegones nos han dado algo de acceso a la economía global, a productos y servicios. No entiendo por qué eso molesta tanto. Creo que la diáspora tiene que sincerarse y decir “nos fuimos de Venezuela por la situación económica, pero el hecho de que nos hayamos ido no condena a los demás a vivir en la miseria: la miseria venezolana no es el medidor de mi éxito afuera”.

-Otra cosa que parece molestar mucho, dentro y fuera del país, es cualquier posibilidad de que alguien en representación de organizaciones o de gremios, trate de llegar a acuerdos o negociar con representantes del gobierno, que son quienes en definitiva obstaculizan o permiten que sucedan las cosas. Hay argumentos de peso como que no te puedes a sentar a negociar con violadores de derechos humanos. Sí, pero ¿y no son ellos quienes tienen el poder, con quién voy a negociar si no tengo la manera real de desalojarlos? Si quiero que se abran algunas puertas, tengo que ir a hablar con ellos. ¿Es posible lograr un cambio político sin esos espacios de negociación?

-Me molesta la hipocresía de muchos opinadores que condenan a los gremios y a los ciudadanos cuando negocian con el gobierno, pero al mismo tiempo celebran los procesos de diálogo entre la oposición y el gobierno. Es una dicotomía. Y es una gran hipocresía porque la verdad es que ni oposición ni gobierno tienen en este momento la representación política del país. ¿Qué es lo que está pasando con estas negociaciones de gremios e incluso de organizaciones ciudadanas y académicas? Que están haciendo un acomodo a la real politik, un acomodo a quien realmente tiene el poder fáctico en Venezuela, que es Nicolás Maduro y su gobierno. En ese acomodo, creo que la clave para identificar si es una negociación moralmente lícita o cuestionable sería, en primer lugar, saber que no todo es negociable. Hay aspectos que son negociables en la política y en la sociedad y hay aspectos que no. En este momento la ciudadanía está transitando a este acomodo porque la gente quiere vivir mejor, porque de 2016 a 2020 ha sido una crisis económica terrible, de hambre, de pérdidas.

Luego, para identificar qué es negociable y qué no, la gente tiene que hacer un ejercicio de mal menor y bien mayor. Si los aspectos morales no son negociables, los aspectos que no son morales los puedo valorar en torno a qué ofrece más libertad al país y qué restringe más la libertad. Si tomarme la foto con Maduro aporta más libertad al país, ahí tengo que hacer un ejercicio de bien mayor y mal menor. Y creo que por ahí va el asunto. Lo hemos visto, por ejemplo, en negociaciones que se han dado bajo cuerda con algunos empresarios o con cúpulas religiosas.

La tercera clave es saber si esto definitivamente beneficia al bien común. ¿Y cuál es el bien común? El desarrollo individual de los venezolanos. Entonces, no todo es negociable, dentro de lo negociable hacer el ejercicio del mal menor y luego confirmar si ese bien mayor colabora con el bien común que es el desarrollo individual de los venezolanos.

-No todo es negociable, pero también es cierto que si no abres esa puerta para tratar de llegar a acuerdos, tal como están las cosas no consigues nada. O nada más allá de que te aplasten y te marginen.

-Totalmente. Y lo hemos visto. El famoso ejemplo histórico es la negociación entre Churchill, Roosevelt y Stalin. Sí creo que hay muchas cosas que negociar y sí creo que hay muchos puntos de encuentro, sobre todo con los nuevos grupos del oficialismo que aun no tienen experiencia de gobierno pero que ya comienzan a formar parte de la actividad política nacional. Ahí ya hay grandes puntos de encuentro.

“Ahora lo que tenemos es a un grupo opositor económicamente acomodado que evidentemente no encuentra otra manera de sobrevivir si no es en el sistema de la oposición”

-También hay una situación en la que esta gente que tiene poder económico y es cercana al poder político o forma parte de alguna manera, está haciendo su propia transición hacia algo que se refleja en el hecho de que ya no se manejan tantas referencias al socialismo. Ya construyeron una élite económica a la que quizás le perturba el manejo ideológico porque los pone a ellos en riesgo: son la clase dominante. De modo que este quizás sea el momento de tragarse los sapos y unir los puntos de vista en común que existan para lograr objetivos por bienes mayores, en lugar de insistir con el Maduro vete que nunca funcionó.

-Yo pienso que Maduro va a salir del poder cuando él lo decida. El problema es que hemos subestimado muchísimo a Maduro. Y no es que lo esté elogiando, pero tienes que reconocer quién es el adversario político…

-Tal como subestimaron a Chávez…

-Así como pasó con Chávez… Maduro es un excelente administrador de grupos de poder en el país. Y eso es lo que lo ha mantenido y lo tiene tan afianzado. Es un administrador de grupos económicos, es una administrador de grupos políticos y de grupos armados y grupos militares. En ese sentido, tiene mucho poder.

Esta nueva clase económica desprendida de ideología polarizante se corresponde con las nuevas generaciones que han vivido las bondades económicas del capitalismo, porque si bien la doctrina que han promulgado las élites del gobierno ha sido claramente socialista, la experiencia vivencial de ellos y de sus familias ha sido completamente capitalista. Entonces tenemos a unas nuevas generaciones que vienen con este efecto de la vivencia del capitalismo y que reconocen las bondades del dinero y de hacer dinero.

Viene un cambio de mentalidad que tiene mucho tiempo gestándose, se va a afianzar y va a establecer a esos nuevos grupos de poder. A mí me pasa que muchas veces se me revuelve el estómago con ciertos negocios y ciertos grupos de poder económico que uno sabe que no son virtuosos. En ese caso, he dejado de ir a tiendas, a restaurantes, he dejado de comprarles. Es mi manera de salvaguardar mi conciencia moral, pero obviarlo es un absurdo. Creo que hay que reconocerlos, evaluar cuáles son sus potencialidades y tomar la posición que se pueda tomar sabiendo que son el nuevo grupo económico y político del país.

-Es el ecosistema en el que vivimos…

-Sí. Me pasa que muchas veces no dónde ir a comer o no sé con quién tomarme la foto, o no sé con quién reunirme…

-Y llegará un momento en el que cada vez lo vas a saber menos. O va a importar menos porque es ese cambio de élites que se concreta.

-Yo lo defino como un acomodo a la realidad política y económica. Es lo que entiendo que está pasando. Y me cuesta muchísimo comprenderlo a nivel de conciencia, me molesta, pero es la verdad. Hay que pensar en función del país con esta verdad. Eso no significa que uno va a negociar fortunas económicas y a negociar en contra de tus principios, pero sí significa que si estas élites económicas pueden favorecer, por ejemplo, el sistema de salud, el sistema educativo o la generación de microempresarios, eso implica que sí puede terminar siendo un aspecto negociable. ¿Qué no sería negociable? Por ejemplo los cargos que están en la Corte Penal Internacional. Bajo ningún concepto eso puede ser negociable. U otros aspectos de índole delincuencial que ya se han denunciado.

-Hay un punto en el que esto va más allá de la política. No se trata de que si existieran las condiciones ir a una elección y cambiar a las figuras con las que no estás de acuerdo. Esto ya es la sociedad. ¿Vas a pretender sacar a toda esa gente del país? ¿Cómo?

-La única manera es irte tú. Pero esa es una decisión tan personal que no puede ser juzgable.

-El chavismo siempre parece tener muy claro la importancia de estar unidos a la hora de confrontar a los adversarios, aunque puertas adentro existan divisiones. A la oposición, en cambio, la unidad no se le ha dado bien a pesar de que la invoca con fervor religioso. ¿No te parece que en materia de estrategia de poder al chavismo se le da todo bien y la oposición es como si no hubiera entendido bien el juego y su lógica?

-El chavismo siempre está cohesionado porque tiene un proyecto unificador. Al principio ese proyecto era de tintes totalitarios, expansionista y de redimensionar el alma humana. Y ahora es un proyecto unificador y de administración de grupos de poder de toda índole.

La oposición nunca ha querido asumir las consecuencias personales y políticas de denunciar y enfrentar al chavismo como lo que es. Cuando empezamos hace años a hablar de proyecto totalitario, los líderes de oposición decían “es que no tenemos la referencia de los gulags soviéticos o de los campos de concentración y exterminio nazis”, y los consultores decíamos, “pero tenemos la referencia de querer cambiar el alma humana y de utilizar el miedo y la mentira como elementos controladores de la opinión pública y la acción ciudadana”. En aquel momento la mayoría de los líderes opositores decían que no era políticamente conveniente hablar en esos términos “porque tenemos que parecernos más Chávez, tenemos que buscar similitudes”. Eso se hizo más por la búsqueda de popularidad electoral. Muchos consultores políticos y académicos denunciaron e hicieron objeción de conciencia y trataron de formarlos, pero se le dio prioridad al tema electoral.

Ahora lo que tenemos es a un grupo opositor económicamente acomodado que evidentemente no encuentra otra manera de sobrevivir si no es en el sistema de la oposición y que, además, tiene aspiraciones políticas. Y el que tiene aspiraciones políticas siempre va a tender a estar en lo público. Tenemos a un grupo opositor que está cuidando su parcela económica, su utopía electoral y no le sale nada bien porque no tiene un proyecto unificador.

Esta unidad tan esgrimida nunca ha tenido unas bases sólidas. Y lo vemos claramente en los personajes que han dirigido esta supuesta unidad: los intereses entre ellos siempre van a estar contrapuestos porque ellos mismos no tienen formas democráticas en sus partidos. Y han asumido esta manera que tiene el gobierno de deshumanizar a la política, en el sentido de que ya no tienen adversarios políticos sino enemigos en el otro. La política se ha vuelto un medio de sobrevivencia y de aniquilación del enemigo. La han pervertido completamente. Personajes como Julio Borges, Henry Ramos y Leopoldo López tienen que salir de la esfera nacional y dar paso a liderazgos moralmente no comprometidos. Hay que darle paso a liderazgos formados para gobernar en virtud.

Imágenes: Fotos: Daniel Hernández

Reportaje: El Estimulo por Oscar Medina

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