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«Hacia una Nueva Libertad»: La Venezuela que Murray Rothbard Imaginó. Por Gervis Medina

«Cuando el Estado se expande, la libertad retrocede; cuando la libertad florece, el Estado pierde su poder sobre la vida de las personas».
— Inspirado en las ideas de Murray Rothbard.

“Los venezolanos aprenden inconscientemente a disciplinar su comportamiento en función del comportamiento de los demás. Hace falta un referente”.
— Gervis Medina.

Hay libros que envejecen. Y hay libros que esperan pacientemente a que la historia les dé la razón.

Hacia una Nueva Libertad, escrito por el economista y filósofo estadounidense Murray Rothbard en 1973, pertenece a esta categoría. No porque sus tesis sean indiscutibles o porque sus propuestas deban aceptarse sin reservas, sino porque plantea una pregunta filosófica que Venezuela aún no ha logrado responder.

Este tema tiene mucho potencial porque conecta la filosofía libertaria de Murray Rothbard con una realidad que millones de venezolanos han vivido en carne propia. Además, permite presentar el debate no solo en términos económicos, sino también morales y culturales.

En 1973, el economista y filósofo libertario Murray Rothbard publicó su obra más influyente: For a New Liberty: The Libertarian Manifesto, traducida al español como Hacia una Nueva Libertad. El libro se convirtió en uno de los textos fundamentales del pensamiento libertario moderno y en una defensa radical de la libertad individual frente al poder del Estado.

Más de medio siglo después, sus páginas parecen haber sido escritas pensando en Venezuela. Porque si existe un país donde las advertencias de Rothbard se hicieron realidad, es precisamente Venezuela: una nación rica convertida en una tragedia económica, social y moral por la expansión desmedida del poder político.

Hoy, cuando millones de venezolanos sobreviven entre salarios miserables, servicios públicos colapsados y una libertad cada vez más restringida, vale la pena preguntarse:

¿Qué diría Rothbard sobre la Venezuela actual?

Uno de los pilares de “Hacia una Nueva Libertad” es la crítica a la idea de que el Estado debe dirigir la vida de los ciudadanos.

Para Rothbard, el Estado no crea riqueza. No produce alimentos, no inventa tecnologías ni genera prosperidad.

Simplemente toma recursos mediante impuestos, regulaciones o coerción y los redistribuye según criterios políticos.

En Venezuela ocurrió exactamente eso. Durante décadas se construyó la idea de que el Estado debía ser propietario del petróleo, de las empresas básicas, de la educación, de la salud, de los alimentos y hasta del futuro de las personas.

El resultado está a la vista. Mientras más poder acumuló el Estado venezolano, menos libertad tuvo el ciudadano.

El gobierno pasó de ser administrador a convertirse en tutor. Luego en controlador. Y finalmente en dueño de la vida económica y social.

Rothbard advertía que ese proceso nunca termina bien. Porque cuando los ciudadanos dependen del gobierno para sobrevivir, dejan de ser individuos libres y se transforman en súbditos.

Durante décadas, los venezolanos escucharon la misma promesa: «El Estado debe controlar el petróleo para repartir la riqueza.»

Sin embargo, Rothbard sostenía que la riqueza no se reparte. La riqueza se crea. Y se crea cuando millones de individuos pueden ahorrar, invertir, producir e intercambiar libremente. La concentración del petróleo en manos del gobierno convirtió a Venezuela en una economía dependiente del poder político. El petróleo dejó de ser una bendición y se transformó en una herramienta de control.

Quien controla la renta petrolera controla: los subsidios; los empleos públicos; los contratos; la moneda; y, en muchos casos, la voluntad política de la población. Eso explica por qué el socialismo venezolano nunca buscó liberar a la gente.

Buscó hacerla dependiente. Rothbard habría considerado este sistema como una de las expresiones más peligrosas del estatismo moderno.

Uno de los capítulos más brillantes de “Hacia una Nueva Libertad” está dedicado a la inflación. Rothbard sostenía que la inflación no es una desgracia natural. No aparece por accidente. Es una consecuencia directa de la expansión monetaria realizada por los gobiernos y los bancos centrales.

¿Y qué ocurrió en Venezuela?

El gobierno financió gasto público imprimiendo dinero sin respaldo. Las consecuencias fueron devastadoras:

• destrucción del ahorro;
• pérdida del salario;
• desaparición del crédito;
• pobreza masiva;
• emigración de millones de personas.

La hiperinflación venezolana no fue un error técnico. Fue la consecuencia inevitable de creer que el dinero puede fabricarse sin crear riqueza. Rothbard afirmaba que la inflación es una forma de confiscación.

No se roba con una pistola. Se roba reduciendo el valor del dinero que las personas tienen en sus bolsillos. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Uno de los conceptos más polémicos del pensamiento rothbardiano es su crítica a la llamada «justicia social». Para él, no existe una autoridad moral con derecho a decidir cuánto debe tener cada persona. La verdadera justicia consiste en respetar:

• la propiedad;
• los contratos;
• la libertad;
• y el derecho de cada individuo a vivir según sus propias decisiones.

Pero Venezuela tomó el camino contrario. Se promovió la idea de que el éxito económico era sospechoso. Que la riqueza privada debía ser vigilada. Que las empresas eran enemigas. Que el empresario era un explotador. Y que el gobierno debía corregir todas las desigualdades.

El resultado fue desastroso. Las empresas cerraron. La inversión desapareció. Los emprendedores emigraron. La producción cayó. Y la pobreza aumentó. Paradójicamente, en nombre de la igualdad se construyó una sociedad más desigual. Una pequeña élite política acumuló privilegios mientras la mayoría veía disminuir su calidad de vida.

Rothbard no defendía la libertad únicamente por razones económicas. La defendía porque creía en la dignidad del ser humano. Creía que ninguna persona debe ser tratada como propiedad del Estado. Que nadie necesita permiso para pensar. Para emprender. Para intercambiar. Para prosperar.

Y esa idea tiene una enorme relevancia en Venezuela.

Porque el problema venezolano no es únicamente económico.

Es moral. Es la creencia de que un grupo de personas puede decidir cómo deben vivir millones. Es la arrogancia del poder. Es la sustitución del individuo por el colectivo. Es la idea de que la libertad puede esperar mientras el gobierno promete seguridad. Pero la historia venezolana demuestra que cuando la libertad desaparece, la prosperidad también.

¿Puede Venezuela caminar hacia una nueva libertad?

La pregunta más importante no es qué pensaba Rothbard. La pregunta es:

¿Está Venezuela preparada para una nueva libertad?

Eso significa mucho más que un cambio de gobierno. Implica cambiar una cultura política. Significa abandonar la mentalidad del subsidio perpetuo. Aceptar que la riqueza no nace del decreto sino del trabajo. Entender que el empresario no es enemigo. Que la propiedad privada no es un privilegio. Y que el Estado no debe dirigir cada aspecto de la vida nacional.

Una Venezuela libre necesitará: instituciones que limiten el poder; respeto absoluto a la propiedad privada; independencia judicial; estabilidad monetaria; mercados abiertos; y ciudadanos conscientes de que la libertad exige responsabilidad. Nada de eso será fácil. Pero tampoco imposible.

Las páginas de Hacia una Nueva Libertad no son simplemente una teoría política. Son una advertencia. Rothbard entendió algo que muchas sociedades descubren demasiado tarde: el poder político rara vez se conforma con poco. Siempre quiere más impuestos. Más regulaciones. Más vigilancia. Más control.

Y cuando los ciudadanos entregan su libertad a cambio de promesas, terminan perdiendo ambas cosas: la libertad y las promesas. Venezuela conoce esa tragedia mejor que nadie.
Millones de venezolanos crecieron creyendo que el Estado los haría prósperos. Décadas después descubrieron una verdad dolorosa: ningún gobierno puede sustituir el talento, el esfuerzo y los sueños de una sociedad libre.

Por eso, quizás el mensaje más poderoso de Rothbard para Venezuela no sea económico. Es profundamente humano. Porque Hacia una Nueva Libertad es, en el fondo, un llamado a recordar que la libertad no es un regalo del gobernante. No es una concesión del partido. No es un favor del poder. La libertad pertenece al individuo por el simple hecho de ser humano. Y el día que los venezolanos recuperen esa convicción, comenzará algo más grande que una recuperación económica. Comenzará el renacimiento de una nación.

Las naciones no mueren por falta de recursos; mueren cuando olvidan que la libertad es el recurso más valioso de todos. Venezuela ya conoció el precio del estatismo. El desafío de esta generación es decidir si seguirá viviendo de promesas o si tendrá el coraje de caminar, finalmente, hacia una nueva libertad.

El chavismo esa enfermedad del alma, prometió igualdad y dejó pobreza; prometió justicia y dejó privilegios; prometió soberanía y provocó el éxodo más grande de nuestra historia. Murray Rothbard nos recuerda que ninguna sociedad puede prosperar cuando el Estado sustituye al individuo. Venezuela tiene ante sí una decisión histórica: seguir adorando al poder o volver a creer en la libertad.

Gervis Medina.
Abogado, criminólogo y escritor venezolano.

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