Opinión

La propuesta de la esperanza Por Johnny Galué Martínez

La lucha contra el dolor humano, contra la injusticia, contra la barbarie puede unificarnos a todos. «Vamos todos al revocatorio»

Estoy convencido de que todo cambio, necesita motivaciones y un camino a seguir. Propondré algunas líneas de la experiencia inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual de la historia. Haremos un llamado a todos los actores conocedores de esa historia, quienes se encuentran registrados en los anales de la historia contemporánea venezolana y en especial del Zulia.

La consulta de este pasado Diciembre, y su resultado muy pocos han sabido interpretar. Fue y es el despertar de los que estábamos dormidos, nos abrió el camino del cambio, el amplio ámbito de la posibilidad, donde se mueve con entusiasmo la esperanza pero también la incertidumbre.

La actividad política en Venezuela, se ha sobrecargado de teorías y acciones equivocadas. El mensaje político en esta década ha sido muy simple. “Cuenta Policarpo que cuando San Juan era muy viejo, sus discípulos le llevaban a la iglesia para que predicara. El anciano apóstol sólo decía: «Hijitos míos, quereos mucho». Los discípulos estaban hartos de esa monotonía, y le pidieron que les contase otras enseñanzas de Jesús. Y Juan contestó: «Es que no le oí decir otra cosa». El cristianismo comenzó siendo una forma de vida, pero acabó convirtiéndose en la aceptación de un «credo» fundado en metafísicas poco seguras. Si Jesús hubiera asistido a alguno de los grandes concilios cristológicos donde se hablaba de su naturaleza, posiblemente no hubiera entendido nada. Francisco ha vuelto a insistir en la primacía de la acción, que está en el origen del evangelio. «Quien dice que ama al Señor y no se comporta bien con su hermano, miente», es el mensaje de las cartas de San Juan. En los profetas hay una visión de la fe muy distinta al complicado acto que analizaron los teólogos medievales. En las palabras del Papa me parece descubrir esta solemne llamada a la acción. Basta comparar los dos escritos largos que ha publicado. El primero había sido escrito casi totalmente por Benedicto XVI: Lumen Fidei. Es un escrito académico trufado de citas. Demuestra sin lugar a dudas la amplia cultura del ex pontífice. En cambio, la exhortación apostólica Evangelii Gaudium es un escrito práctico. Basta con leer el capítulo en que se recomienda a los sacerdotes cómo preparar sus homilías.

Esto tiene importancia en la acción política, porque las teologías han sido las grandes barreras que han separado las religiones. Sólo hay que mirar las tres grandes confesiones cristianas-católica, protestante, ortodoxa, para comprobar la dificultad de que se entiendan teológicamente. En cambio, la lucha contra el dolor humano, contra la injusticia, contra la barbarie puede unificarnos a todos. La «regla de oro» no hagas a los demás lo que no quieres que los demás te hagan, es un precepto multicultural. El atractivo de la figura de Francisco procede que parece dispuesto a superar las barreras de la teología. Si mil doscientos millones de católicos se dejaran de disputas y emplearan su energía en cambiar el mundo, el mundo cambiaría. Y eso sí que sería una constatación práctica de su verdad. Creo que la fe cristiana puede sintetizarse en una afirmación: «El bien es más poderoso que el mal, y todo acto de bondad es una participación de una energía creadora, transfiguradora, a la que podemos llamar Dios, y porque no bien común. Los teólogos llamaban a este acto de participación «agapé». Se basaban en una metáfora paulina, que me emociona, de la misma manera que un cerezo injertado en un membrillo da cerezas gracias a la energía del membrillo, así el ser humano que rompe los límites y crea modos nobles de vida, está haciendo una obra personal, pero gracias a una energía que le desborda.

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