“El amor de la familia perdura a pesar de la distancia, las diferencias y el tiempo”
Las manecillas del reloj no se detienen, el tiempo no se pausa, va corriendo rápido, no tiene piedad, ni consideración. Para algunos puede ser despiadado, para otros, bendecido.
Sin embargo, hay momentos en los que el tiempo se detiene, no se siente, no se percibe, no se extraña…
Respiré profundo. La puerta se abrió de par en par. Me encontré de frente con muchas personas que esperaban ansiosos a sus seres queridos. Me abrumó el tumulto.
Estaban entre la multitud. Mi miraba los buscaba por todas partes. De repente, me sorprendieron sus abrazos, sus ojos colmados de lágrimas, sus rostros llenos de alegría y sonrisas, unas bellas flores, un cartel de bienvenida…
¡Al fin! Llegó ese momento que tanto había anhelado, soñado y esperado. ¡Al fin! Sentí sus abrazos y pude descansar y respirar tranquila. ¡Al fin! Estaba en mi lugar seguro, con las personas que verdaderamente me aman y conocen. ¡Al fin! Estaba con ellos: mi familia.
Hay abrazos que esperan años en suceder. A veces, es tan larga la espera que hay momentos en que la duda te atosiga y te preguntas si de verdad va a ocurrir. Transitas un vaivén entre subidas y bajadas en el que no visualizas el final de la meta.
Estar de vuelta con la familia, podernos reunir otra vez, abrazarnos todos, conversar, reír, contar anécdotas, experiencias, historias, hablar de la vida…
Esos abrazos cuando finalmente llegan, hacen que el tiempo no solo se detenga, sino que desaparezca. Después de 7 años lejos de casa, estar con la familia es un regalo que no tiene precio.
La distancia, miles de kilómetros, cuatro países y sus fronteras, más de 10 horas de viaje, jamás podrán romper los lazos que nos unen, porque el amor de una familia siempre encuentra el camino de regreso, porque somos un solo corazón que palpita con la misma sangre, el mismo amor, la misma fe…
Hoy celebramos ese reencuentro con el corazón lleno de paz, amor, tranquilidad, felicidad y agradecimiento por todos los momentos compartidos, y con la fiel esperanza de nuevamente reencontrarnos y volver a compartir en otro tiempo, en un nuevo año.
Son emociones nuevas, es una felicidad indescriptible, es gratificante, es reconfortante, placentero y a la vez, es tan sanador.
El no estuve presente físicamente o me perdí aquello por vivir lejos, desaparecieron de manera instantánea y se convirtieron en, pude ir, estuve presente, valió la pena…
El sufrimiento que se perpetuaba en mi interior se transformó en paz, felicidad y gratitud. El vacío que el dolor producía en mi pecho se llenó de amor, aceptación, comprensión y cariño.
Ahora emergen respuestas a inquietudes, dudas y sobresaltos. Empecé a entender tantas cosas más. Los porqués dejaron de ser preguntas y pasaron a ser la explicación en respuestas evidentes y tangibles que llenaron vacíos y llegaron como un rocío a aliviar y a desaparecer la pena.
Aunque el tiempo sigue sin detenerse, somos los mismos en esencia pero otros en evolución. La mirada hacia la vida hoy es diferente, es más sabía y más fuerte.
Hemos recorrido largos y cortos caminos. Tropezado, caído y levantado con más fortaleza. Hoy seguimos dando pasos entres senderos de rosas, pétalos suaves y frutales aromas.
La vida no se ha paseado a un lado de nosotros. Al contrario, nosotros seguimos viviendo la vida aprendiendo y creciendo entre poesías, versos dulces y amargos, estrofas llenas de melancolía, soledad y regocijo. Alicientes divinos, regalos gratuitos y penas compartidas.
Hoy puedo mirar para atrás y decir, que estuve allí, volví a mi ciudad, caminé sus calles que alguna vez fueron mías y que sentí cercanas, propias, ajenas y extrañas a la vez.
Tomé café donde muchas veces fui feliz y transitaba mis penas, incluso posé donde fundía mis dedos en un teclado todas las tardes escribiendo las noticias de mañana…
Porque la distancia, quizás impide abrazos, pero no desaparecen los sentimientos.
Porque la familia es donde la vida comienza y el amor nunca termina.
Así que…
Qué más puedo pedirte, si todo lo que te he pedido me lo has dado.
Dedicado a ustedes: mi familia.
Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucobo
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