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Opinión: 45 millones por ciento de inflación y su impacto en el precio del $ Por Wilfredo Briceño

Tasa de inflación y valor del $ son variables macro-económicas que están altamente correlacionadas. El comportamiento de una determina el de la otra.

Tenemos 26 meses de hiperinflación. Desde noviembre del 2017 hasta enero 2020. El Banco Central actualizó su Índice de Precios hasta diciembre pasado, y la Asamblea Nacional acaba de publicar su cálculo para enero, situándolo en 65.4 %. Pues bien, haciendo uso de esa data, desde noviembre de 2017 hasta el 31 de enero del 2020, 26 meses, los venezolanos hemos padecido, exactamente, una inflación de 44.884.224 %. ¡Na guará!.

En otras palabras, los precios se han multiplicado por un factor de 448.842. A ver: si ud compró un bien cualquiera en noviembre del 2017 en 100 bolívares fuertes, el 31 de enero, en promedio, ese mismo bien costaría 44 millones de Bs, en números gruesos. Nada explica mejor lo que es un proceso hiperinflacionario que éste sencillo ejemplo que acabamos de describir.

Son muchas las negativas consecuencias que genera tal anormalidad económica. Nos interesa destacar una en particular: su efecto sobre la tasa de cambio, más en especifico: la variación del bolivar respecto al dólar.

¿De qué depende que nuestra moneda, el bolivar, varíe en relación a la divisa norteamericana o respecto a cualquier otra moneda foránea?

Básicamente de la tasa de inflación y del saldo financiero entre lo que exportamos y lo que importamos, sea bienes, servicios y capital, técnicamente se llama Balanza de Pagos.

Al padecer una crónica alza en los precios, el bolívar pierde poder de compra; es decir, se requieren más bolívares para adquirir un mismo bien, o dicho de otra manera, el bolívar pierde valor, luego los agentes económicos -consumidores, ahorristas e inversionistas- comienzan a desecharlo, más exactamente, a sustituirlo por otra moneda que no sufra de ese mismo mal, el dólar americano, en nuestro caso.

Nace así un círculo perverso; sube la inflación, hace inservible al bolívar, luego, se demanda más dólares, de modo que supla las funciones que el bolívar deja de realizar eficientemente. Entra aquí en escena el saldo en la balanza de pagos, en concreto el stocks de Reservas Internacionales con que cuenta el País. Estas constituyen la oferta con la que se suple la demanda creciente por dólares que, recalcamos, a su vez, es impulsada por la inflación.

Cuando no hay reservas internacionales, en nuestro caso, por la destrucción de PDVSA y el bloqueo al crédito internacional, pues, la demanda insatisfecha de verdes americanos determina la subida en la Tasa de Cambio, o, cada vez hay que entregar más bolívares para obtener a cambio un dólar.

Es éste orden de ideas, surge una básica interrogante:
¿Seguirá subiendo el dólar? Si. Inevitable. Es lo que indica la relación entre la tasa de inflación y la tasa de cambio. Veamos.

Señalamos que los últimos 26 meses los precios han aumentado 45 millones por ciento. De otro lado, la tasa de cambio, en ese mismo lapso, ha aumentado poco menos de 8 millones por ciento; significa que los precios desde noviembre de 2017 hasta enero de 2020 han aumentado 580 % más que la tasa de cambio. Un comportamiento anormal, pues ambas variables están altamente correlacionadas. En periodos de alta inflación se deprecian a ritmos similares. Medidas contrarias a toda lógica económica puesta en marcha por el gobierno explican tal circunstancia. Solo que no son sostenibles por mucho tiempo. El mercado, al final, como siempre, ajustará tal asimetría. ¿Cómo? Siguiendo la misma ruta ya trazada. La inflación seguirá reduciendo el poder de compra del bolívar; los agentes económicos lo sustituirán, por lo cual demandarán más dólares y ante una menguada oferta, surgirá una brecha o demanda insatisfecha, y ésta determinará continuas alzas en la divisa norteamericana.

Claro, será una tendencia, que a veces, se detendrá, como hace días que se cotiza alrededor de los Bs 75.000/$; incluso, retrocederá por poco tiempo, pero a mediano plazo el dólar aumentará de precio en términos de bolívares. No puede ser de otra forma. Una tasa de cambio estabilizada en una economía con alta inflación y poquísimas reservas internacionales es impensable. Una quimera. Muy difícil, por no decir, imposible de ver.

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