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Opinión: La ansiada legitimación Por Genaro Mosquera

Avanza rápidamente la estrategia del régimen en definir la preparación de las elecciones parlamentarias, para lo cual incorporó a sus dudosos diputados, miembros de la ilegítima asamblea constituyente, a la Asamblea Nacional para intervenir en la estructuración del nuevo directorio del CNE y dejar de lado lo ya sentenciado con respecto a que los directivos nacionales y regionales son ilegítimos y todos deben ser removidos de sus cargos, sujetos a acción penal por usurpadores y cómplices de elecciones fraudulentas; así mismo, obvian la exigencia nacional e internacional de condicionar dichas elecciones al cese de un gobierno ilegitimo clasificado de usurpador desde el pasado año.

Se ha consumado el nombramiento de una comisión para elegir a los miembros del CNE en la que más de la mitad de sus miembros pertenecen al chavismo rancio y comprometido. Craso error o complacencia de la oposición oficial, realmente no aprenden o simplemente refuerzan la opinión que se tiene de ellos, de su compromiso oculto de mantener al régimen dentro de lo que ellos mismo definen como solución negociada y en paz.

Contra la voluntad del país de desplazar al régimen mediante un gobierno transitorio se afianzan cada vez más en el poder y diseñan toda una operación de control político, terrorismo judicial, amenazas, represión e insisten en la aplicación de su modelo comunista y la entrega de la soberanía nacional a los cubanos con el supuesto apoyo militar de rusos, chinos, otros países antidemocráticos, y a las fuerzas oscuras del narcotráfico y la narcoguerrilla.

El régimen confronta a la comunidad internacional y chantajea a sectores políticos utilitarios para ir a unas elecciones solo parlamentarias donde se elegirían diputados que conformarían una cámara afecta relativamente a sus intereses y lo más importante, si logran hacerla, pregonar en su brutal cadena publicitaria que cumplieron las recomendaciones de hacer elecciones transparentes, con presencia internacional, que favorecieron la elección constitucional en el período adecuado y que han cumplido los trámites en un entorno de paz, convivencia y democracia y que lograron institucionalizar al país a través de procedimientos democráticos. Anunciarán al mundo su aspiración, “que se han legitimado” y que su gobierno es legal, constitucional y como resultante, continuarán con sus desmanes desde el poder ejerciendo la brutal política actual hasta nuevo aviso.

Frente a esa pretensión no se puede dejar de presionar para que haya elecciones generales organizadas por un gobierno de transición. No se puede caer en la trampa de una negociación inútil y tramposa manejada por oportunistas, por tanto, es condición necesaria y suficiente que se produzca el cese del régimen, y la necesaria conformación del gobierno de transición para que se inicie el proceso de reinstitucionalización del país, reconstrucción social, económica y, la preparación de elecciones libres, universales, secretas, manuales y transparentes.

Hay que destacar que si se llevan a cabo solo elecciones parlamentarias cuyo propósito ha sido puesto al descubierto, al régimen lo único que le interesa es ir a ese proceso para lograr “la legitimación” como una estrategia política que le dé el segundo aire auspiciadas por las aspiraciones burocráticas de los que inducen a una campaña electoral prematura en busca de la ratificación de sus cargos y de otros, buscando insertarse en posiciones políticas usando el argumento y presunción de que la mayoría de la población venezolana es opuesta al régimen y que ello los conducirá a ganar las elecciones.

Sobre esta presunción vale la pena hacer algunas precisiones. Después de la salida de millones de venezolanos al exterior en busca de mejor calidad de vida si se celebra un proceso electoral parlamentario, el régimen impedirá ir al proceso de variadas maneras: legal, obstáculos para votar y boicot ante cualquier iniciativa. No cabe la menor duda de que el grueso del éxodo masivo más importante de los últimos tiempos está contra el régimen y de votar lo haría masivamente en contra de ellos, pero en el país, la estructura etaria que ha quedado es un supuesto de que la mayoría masiva es opositora, está sustentada en una afirmación subjetiva y puede ser temeraria o no ser cierta.

En Venezuela los que se han quedado integran una población sujeta a las peores condiciones de vida, que lucha por su supervivencia, que usa los recursos individuales que tiene, no importa si es especulador en sus oficios o profesiones, incluso usa el oportunismo; muchos de ellos son enchufados directos afiliados al partido de gobierno, militares o empleados públicos. Se cuentan por millones las personas que se insertan en colectivos, milicias, tráfico de narcóticos y activistas bajo las prerrogativas que les da el régimen cuya resultante es una militancia aparentemente abundante donde el régimen tiene el control político y económico de todos ellos, usando sin discriminación el chantaje, las prerrogativas en los servicios y dádivas sin dejar de lado la represión manifiesta de todo orden.

Todos estos elementos ponen en duda que en un momento dado se compruebe la hipótesis de que la oposición sea en Venezuela una gran mayoría y que en una elección se ganarían masivamente. Dudamos de esta apreciación, las encuestas que así lo señalan han sido hechas con métodos de muestreo por conglomerados procedentes de los métodos de encuestas de hogares y sus resultados están condicionados por el éxodo al exterior y la enorme movilización de la población interna estimada en cientos de miles a ciudades con mejores condiciones de vida que al menos tengan presuntamente mejores servicios básicos de agua, electricidad, transporte, alimentación y recursos para el sustento de los ingresos.

Dada esta circunstancia, en medios profesionales y académicos está en duda tal supuesta mayoría con el riesgo que implica, por ello es necesario redefinir esta hipótesis contando a la población, midiendo inequívocamente su declaratoria de oposición al régimen, rechazo a la usurpación y la manifestación de cambio de régimen.

Frente a la circunstancia anotada, todas las variables señalan la necesidad de que la población venezolana manifieste plebiscitariamente su rechazo o no al usurpador mayor y sobre la necesidad de cambio del sistema político como un objetivo general de mejoramiento de la vida democrática del país y de su supervivencia como seres humanos.

Esta medición imprescindible conduce a una consulta popular dirigida por la propia ciudadanía al margen del corrompido CNE, patrocinado por organismos internacionales, y estructurado de la manera más simple que permita que el venezolano común exprese su opinión solo con su documento de identidad, de manera manual, y que su perfil elemental permita crear las bases de un registro electoral cruzando sus elementos con base de datos más complejas existentes, independientemente de su confiabilidad.

Esta tarea ineludible es movilizadora, urgente y necesaria para expresar el rechazo al gobierno actual, sentar las bases para saber dónde estamos y cuántos somos, que orientación tenemos y finalmente que sus resultados permitan la planeación no solo en la movilidad etaria dentro del país sino medir verdaderamente la distribución de los venezolanos por el mundo y que sirva de referencia para estimar el efecto que tiene esta masiva migración en países receptores cuyos efectos comienzan a aparecer como consecuencia de la necesidad de atender tanta gente migrante; ello se ve especialmente en los casos graves de Colombia, Perú, Ecuador, Panamá, España y Estados Unidos.

El efecto de esta migración requiere definir nuevas políticas públicas, pero antes debe conocerse, más allá de los registros consulares incompletos, ¿dónde están?, ¿quiénes son? y ¿cómo manejar las acciones humanitarias necesarias, en beneficio de tantas personas humilladas y sacrificadas desparramadas por el mundo?

Es absolutamente necesaria una consulta popular con las características de un plebiscito, de manera tal que tengamos las bases para un plan de cambio, que los gobiernos amigos cuenten con la información adecuada para definir la ayuda necesaria y puedan disponer de elementos demográficos y estadísticos, en general, para definir sus estrategias y apoyo a nuestro país en estas horas de debacle y de gran sufrimiento caracterizadas por las carencias inducidas por un régimen que entregó su soberanía, sus recursos, el control a naciones invasoras y que se insertó en el crimen global internacional que pretende lograr su ansiada.

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