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Opinión: La Banda de Miraflores y su Réplica en las Barriadas Por Luis Velázquez Alvaray

Ante un gobierno de delincuentes, ¿cuál puede ser el espejo del país? Un facineroso ejecutando arbitrariedades, violentando los derechos humanos y apoyándose en bandas armadas en los sectores deprimidos, como medio de control social, ha conducido a un país encendido por los cuatros costados, donde la banda de Miraflores dispuso sus efectivos, dotándolos de armas de guerra y sofisticados equipos, que ahora apuntan contra sus propios creadores. Si los mayores traficantes de drogas despachan desde las instituciones oficiales, las megabandas de los barrios han optado por su autonomía y se han repartido el país, donde la extorsión, el secuestro y el narcotráfico son las banderas de su actuación.

Los antecedentes del usurpador son esos: asaltante, vivo del barrio, de la peor cultura fronteriza, entrenado en Cuba. El colectivo mayor, extrapoló sus enseñanzas y sus alumnos.

Con su arsenal de fusiles, granadas y bombas, le hablan desafiantes. Es tal el proceso de descomposición que hoy es Petare, pero la efervescencia delictiva que la tiranía impuso, es un arma de doble filo, contra la población y también contra sus creadores.

La banda de Miraflores ha sido desafiada por los orejones, el tren de Aragua, el tren del norte, “Wilexis” y el gusano.

Al usurpador, un caso para estudios criminológicos, se le ocurrió llamar zonas de paz a las inmensas barriadas, entregándole el control de la vida ciudadana a la delincuencia organizada.

Las bandas en los centros penitenciarios trasladaron su esquema organizativo. De allí que el país está en manos de los dirigentes carcelarios, que también controlan los grupos asesinos como el FAES, integrados por miles de “Wilexis”.

Las FAES (fuerzas de acciones policiales), que el usurpador controla al estilo de los Tonton Macoute en Haití, ejecutan sin piedad y los ajusticiamientos son la orden de las instancias superiores.

Esta es una especie de diversión para el tirano, cuyos métodos son los mismos para aniquilar a sus oponentes. EL modus operandi en este último aspecto, consiste en inventar atentados contra su vida cada 4 meses, para arrasar sin miramiento alguno a los opositores: Allanamientos ilegales, tiros de gracia, simulación de enfrentamientos, ocultamiento de autopsias y expedientes falsos, según lo han denunciado numerosas ONG nacionales e internacionales. Pasan de 30 mil las ejecuciones extrajudiciales en el país.

De uniforme negro, con una carabela bordada y encapuchados, miembros disidentes del grupo asesino, han señalado que una de las diversiones del terrible tirano, es disfrazarse de FAES y acompañarlos en sus sangrientas operaciones.

Venezuela es un abismo, gobernada por pandillas. La principal despacha desde el palacio de Miraflores.

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