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Opinión: La resistencia del periodismo cultural latinoamericano ante la pandemia, Por Consuelo Ferrer

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El 3 de mayo, @Supay.pe subió su primera foto a Instagram. “Ante el parón de los suplementos culturales, gastronómicos y turísticos del diario en el que habitualmente colaboraban por el COVID-19, se juntaron los periodistas habituales de ese medio para armar un proyecto propio”, informó la cuenta.

“Ya hemos generado cierto nombre”, cuenta uno de sus fundadores, el periodista Luis Miguel Santa Cruz de Perú. La página —que anuncia obras de teatro online, reseña películas y entrevista artistas— cuenta con 204 seguidores. El proyecto surgió en un escenario completamente desestabilizado por la pandemia: no solo los eventos culturales pasaron a la virtualidad, sino que la cobertura sufrió su propio golpe.

Hasta marzo, Santa Cruz escribía de teatro, turismo y gastronomía en los suplementos Variedades y Lo Nuestro, de El Peruano. “Ambos fueron suspendidos”, relata. “Es obvio el impacto que ha recibido el sector cultural dentro de la prensa. En estas semanas, ha sido el primero en caer”.

“Cuando empezaron las cuarentenas, se determinó erróneamente que la cultura era lo que tenía que hacerse a un lado para priorizar otras cosas”, dice. “No se han cerrado completamente las secciones, pero la mayoría de los trabajadores culturales están paralizados y a algunos se les despidió formalmente”.

Pasó también en Chile, donde la arista económica del virus repercutió profundamente en los medios impresos. Uno de los casos más emblemáticos es el de la revista Sábado de El Mercurio, que lleva más de 20 años publicando crónicas y reportajes. El 16 de mayo se imprimió por última vez en papel couché y se despidió de todos sus columnistas de cine, series, gastronomía y libros.

Isabel Plant escribió durante 15 años sobre series y televisión en esas páginas. “Los espacios de crítica cultural se han ido reduciendo al mínimo”, dice. “La crítica especializada perdió ese espacio porque la situación económica obliga a los medios a dejar, de la estructura, solamente los fierros”, afirma. “Aunque la cultura también sea uno”.

Un escape de la crisis

o que pasa en Chile, afirma la periodista de música Marisol García, podría definirse como “parte de una crisis internacional que exige priorizar contenidos, pero lamentablemente no es así”. El país, dice, tiene “curiosas prioridades” y “miopía editorial”. “Los mejores diarios del mundo mantienen secciones e incluso suplementos de Cultura bien nutridos”, cuenta. Hasta fines de mayo, García tenía una sección de música en Tele13 Radio, pero ya no.

En Perú, Santa Cruz también nota este patrón. “Hay una desconexión muy grande entre los directores de medios y la audiencia. Siempre se ha sentido que la cultura es el sector menos importante a tratar en los medios y se le fusiona con entretenimiento y farándula”, dice. Por la respuesta que reciben sus artículos en redes sociales, cree que es contenido que los lectores sí quieren recibir. “Hay un interés que no se está captando, porque todo se mira en base a las ventas”, asegura.

El rol del periodismo cultural, aseguran, no es secundario, y menos durante una pandemia. “Sirve para canalizar esta tensión y estrés que estamos viviendo. Es una forma de desahogo y distracción. Las obras virtuales, lecturas dramatizadas, conversatorios y talleres están sirviendo para que la gente encuentre una especie de alivio a lo que estamos viviendo. Muchos están abrazando este movimiento cultural para encontrar paz”, afirma Santa Cruz.

“El consumo cultural es lo que nos está salvando de la crisis y no creo que la gente no lo vea. Pienso que no es que no se valore, sino que no hay recursos para pagarlo”, opina Plant. “En 100 años más, cuando se revise este periodo, se va a visitar el cine, el teatro, las canciones. Es a lo que uno recurre para saber cómo vivía la gente. Es el espejo y la memoria. Es todo”.

Si la audiencia lo pide

Otro panorama se vive en la redacción de la diaria, en Uruguay. “El diario no achicó ni despidió a nadie, pero también hay que decir que es uno bastante especial”, explica el coordinador de la sección de cultura, José Gabriel Lagos. El periódico funciona sobre la base de una cooperativa. Más de un 70% de sus ingresos vienen de las suscripciones.

Apenas el virus arribó, idearon un suplemento llamado “En casa”, donde se conjugan temas de cultura, espectáculos y actividades de acompañamiento, como crucigramas y adivinanzas. “Había una función social: mantener a nuestros lectores, además de informados, entretenidos”, cuenta. Según Lagos, la sección de cultura tiene un poco más de espacio que antes.

“Es también un cálculo de supervivencia”, explica. Debido a cómo se financia el diario, asegura, el criterio que primó fue qué precisarían los lectores. “Ellos inciden más directamente en nuestros números que la publicidad. Si sacamos páginas para meter avisos, puede causar desinterés y baja en los suscriptores”, agrega.

El recibimiento ha sido bueno. “Nos cuentan las respuestas del acertijo, nos mandan fotos. Yo estoy aquí desde 2006 y siento que esta vez la respuesta no es sólo mayor, sino también más afinada. Todos los días estoy contestando mails un buen rato, algo que antes no me pasaba”, explica.

Reinventarse

La contingencia ha obligado a los periodistas de cultura a mutar. Al comienzo de la pandemia, el columnista de La República en Perú Marco Sifuentes decidió crear el podcast  “La Encerrona”, que está entre los más oídos del país y recibe auspicios de sus auditores. “Lo siguiente va a ser crear nuestros propios emprendimientos digitales”, opina Santa Cruz.

Plant, por su parte, espera que esta crisis sea momentánea. “También espero que se aprovechen las nuevas plataformas y que los comentaristas culturales logremos encontrar modelos de negocio que sean aptos para los nuevos tiempos”, asegura.

“Mi fórmula es nunca abandonar al menos un espacio de colaboración en Cultura, aunque lamentablemente deba combinarlo con múltiples otras fuentes de ingreso”, agrega García. “Es cansador, es demandante y es frustrante, pero no estoy dispuesta a abandonar mi vocación. Es, a estas alturas, un modo de resistencia”.


Imagen cortesía de José Manuel Vilches

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