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#OPINION Por Antonio José Monagas: Un mundo de cabeza

¿En qué momento se puso el mundo de cabeza? Es una pregunta que muchos se hacen. Particularmente, al advertir los cambios bruscos que están conmocionando realidades.

Aunque buena parte de los mismos, posiblemente provienen del hecho intencionado de forjar utopías. Sólo que tan especial atributo no siempre es producto de la inteligencia. Muchas de las desgracias que ocurren y abaten el mundo actualmente, derivan del enfermizo delirio de forjar utopías sin responsabilidad alguna de sus consecuencias.

Este problema, terminó fraguando crisis por doquier. Con grave acento. Adquieren fuerza en el ámbito de la política. Especialmente, en el curso de cualquier ejercicio de gobierno. Más aún, cometido sin el más mínimo rigor metodológico que incita la improvisación cuando se asume como criterio político.

Ir al fondo

Aunque podría argumentarse que la generalidad de los cambios suscitados, resultan de decisiones elaboradas y tomadas bajo la presión de enmarañadas o arregladas coyunturas. Pero al mismo tiempo, inducidas por la improvisación, el desconocimiento O por el abuso infundido por el poder manipulador de la adulancia.

Razones éstas, siempre infundidas por retorcidas ansiedades de personas que se manejan en el mundo de la política gubernamental con intenciones de convulsionar, confundir y trastornar las realidades donde se desenvuelven.

Exacto testimonio de lo que estas palabras intentan referir, se refleja en las contrariedades y conflictos impulsados por el resentimiento y odio que reviste cada situación característica de estar en medio de un mundo enredado. Por lo tanto, detenido en el pretérito.

Podría pensarse que la problemática que padece el mundo actual, tiene causas intencionadas, manifiestas y dirigidas. La situación de crisis que viven distintas naciones regadas por el mundo, no es fortuita. Podría haber premeditación y alevosía en ello.

Podría pensarse que el desorden fuera parte de un plan que busca re-direccionar el ejercicio de la política mediante la imposición de criterios supeditados a prácticas conspirativas que buscan someter al mundo a procedimientos bochornosos.

A programaciones, operaciones y rutinas que alteren el orden preestablecido por sistemas políticos encausados por ideologías apegadas a intereses insanos. Y desde luego, alejados, conceptual y metodológicamente, de procesos sugeridos por la teoría de la democracia.

 Desatado

Podría inferirse que debajo de tan obtusas realidades, se esconde la presunción de adoptar el caos como sistema. Y esto no es disparatado pensarlo. De hecho, la organización política y administrativa de distintos países del Tercer Mundo, incluso, del Primer Mundo, han dado señales de estar careciendo (adrede o por circunstancias casuísticas) de mecanismos orgánicos y eficaces de administración pública. Es decir, de gobiernos.

Optimistamente, podría pensarse que ello obedece a medidas adoptadas por el influjo de la improvisación que se tiene a consecuencia de manejar situaciones al voleo. O atajada al inmediatismo. A medidas elaboradas a instancia de meros intereses trazados por proyectos egoístas. Inclusive, a innovaciones improcedentes. Además, no sujetas a estudios de las realidades en su más entera complejidad. A desdén de la Politología, o de la intervención de politólogos duchos en el estudio de formulación y evaluación de políticas, de análisis de prospectiva política y dinámicas del desarrollo.

Amenaza inminente

El desorden al cual está tendiendo el mundo actual a seguir como praxis política, podría decirse que se debe a la obstinación y ofuscación de gobernantes que sólo apuestan a un escueto cambio de imagen de su realidad. Sin siquiera apuntar la atención a entender el desbarajuste que concierne a lo interno de los respectivos escenarios.

Aunque el enfoque de las medidas adoptadas, lo concentran en la ejecución de formas de exfoliación de todo lo que califique como riqueza material. Pasando por encima de derechos humanos y libertades toda vez que, por vía de amenazas, persecuciones, detenciones, torturas y cuánta práctica violatoria de legalidades y legitimidades sea posible, imponen el terror.  De ahí la pertinencia de la pregunta: ¿en qué momento se puso el mundo de cabeza?

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