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Opinión: ¿Todavía la ingeniero?, Por David Figueroa Díaz 

El tema de hoy lo he tocado en muchas ocasiones, bien porque algunos lectores me lo han solicitado, o porque he considerado prudente volver sobre él, dada la necesidad; una necesidad que se expresa en la alta frecuencia con la que aparecen frases en las que el desconocimiento induce a incurrir en impropiedad cuando se trata de la forma correcta de nombrar a las féminas respecto del cargo, profesión u oficio.

Hace algunos días recibí una muy cordial consulta de parte de una colega periodista, a quien admiro por su preocupación en cuanto al buen uso del lenguaje escrito y oral, y por eso se distingue entre el grupo de comunicadores sociales que conforman el gremio en el estado Portuguesa, Venezuela, lo cual no significa que no haya otras y otros que tengan la misma inquietud por mejorar el lenguaje que emplean.

medicos-Ecuador

La duda de la estimada compañera en el quehacer de la palabra está relacionada con la vacilación que existe en cuanto a llamar ingeniero, médico, abogado, ministro, juez, concejal, a alguien cuya categoría biológica no deja lugar a dudas de que es mujer. Le di una explicación con ejemplos sencillos, con el deseo de que pueda apercibirse de la madurez necesaria para superar el escollo y motivar a otros a que disipen sus dudas. Hoy voy a ampliar mi argumento.

Esa es una vieja costumbre que quizás tenga su origen en el hecho de que las universidades y otras instituciones educativas, así como algunos cuerpos colegiados colocan los títulos, cargos y otras denominaciones en masculino, aun cuando correspondan a mujeres: Médico Cirujano, Profesor, Licenciado, Odontólogo, etc.

Pero a raíz de las exhortaciones que han hecho la RAE y algunas organizaciones que de una u otra forma están relacionadas con el buen uso del idioma español, las cosas han cambiado un poco. Por eso es satisfactorio ver que algunas universidades han adoptado la forma femenina, como es justo, si se toma en cuenta que hoy día existe una tendencia a ponderar el papel que la mujer debe desempeñar en la sociedad, sobre la base de que el masculino vendría a ser un trato discriminatorio, y si se quiere, humillante.

Lo cumbre de todo esto es que un considerable número de profesionales femeninas se oponen a que, por ejemplo, les digan abogada, médica, ingeniera, concejala, sicóloga. Con cierta dosis de suficiencia, pero sin argumentos sólidos, responden que ellas son «abogado», «médico», «ingeniero», «concejal», «sicólogo», según el caso.

Otra de las razones por las que aún se insiste con la forma masculina, está en que de vez en cuando aparece en las redes sociales un argumento formulado por una dama, que según las referencias que ella da, es gran conocedora de la gramática y la lingüística. En tal sentido, niega validez a la forma «presidenta», y para tal efecto muestra una explicación que en el pasado tuvo vigencia; pero hoy día es anacrónica, pues lo cortés, lo amable, lo decente y justo, es que a las damas se les dé el trato que les corresponde.

Claro, hay ocasiones en que la denominación es de género común; pero si ese no es el caso, me parece una necedad seguir tratándolas como si tuviesen barba y bigote. Además, hay que recordar que a ellas, «ni con el pétalo de una rosa».

Y como siempre que he hablado de este tema, no he dejado de hacerlo de la palabra sexo, una vez más lo hago, en virtud de arrojar luces a los aficionados del buen decir, en virtud de que puedan entender que sexo es una categoría biológica que define si un ser vivo es macho o hembra. Se habla insistentemente de violencia de sexo e inclusive, en Venezuela existe una ley con ese nombre. La razón es que muchas personas se eximen de hablar de sexo porque solo asocian con el acto carnal. Por eso el uso del mencionado vocablo, en algunos estratos de la sociedad es un tabú.

Es prudente recalcar que sexo es una categoría biológica, que como dije antes, define la masculinidad y feminidad de un ser; en tanto que género es una categoría gramatical, aunque tiene otros usos que no voy a mencionar, por considerar que no son necesarios. Género, en el contexto en que lo he mostrado, solo tienen las palabras y las cosas inanimadas.

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