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PREFACIO. La corrupción puede disfrazarse de legalidad para obtener impunidad. Por el Dr George Fereira

«La corrupción puede disfrazarse de legalidad para obtener impunidad, pero la justicia auténtica trasciende las instituciones capturadas y alcanza aquello que los cómplices del poder creen haber ocultado para siempre».

LA REINA DE LA MATRACA Y EL DISCURSO DE LA INOCENCIA

La corrupción rara vez se presenta con el rostro descubierto. Con frecuencia se reviste de formalidades, decretos, resoluciones y procedimientos aparentemente legales que buscan otorgarle una apariencia de legitimidad y garantizar la impunidad de quienes la practican.

En los Estados fallidos como el de Venezuela, donde las instituciones han sido capturadas por intereses políticos o particulares, la justicia deja de ser un contrapeso del poder para convertirse en uno de sus instrumentos. Los órganos encargados de investigar, juzgar y sancionar terminan actuando con complacencia hacia quienes los designaron o mantienen en sus cargos.

Sin embargo, la justicia no se limita a las fronteras de un país ni a la voluntad de quienes controlan temporalmente sus instituciones. Existen principios universales, mecanismos internacionales y, sobre todo, la memoria de los pueblos, que trascienden los intentos de ocultar la verdad bajo el manto de una legalidad aparente.
Porque no todo lo legal es justo, ni toda impunidad es eterna. La historia demuestra que, tarde o temprano, los responsables de los abusos de poder y de los actos de corrupción terminan enfrentándose al juicio de la verdad, de la sociedad y, en algunos casos, de la justicia internacional.

Recientemente, Delcy Rodríguez pronunció un discurso en el que afirmó que en Venezuela debía acabarse la llamada «Matraca», término popular utilizado para describir prácticas de extorsión, cobro irregular de sobornos o exigencias ilícitas por parte de funcionarios públicos. En el lenguaje popular venezolano, la expresión suele resumirse en la conocida frase: «dame pa’l refresco».

Pero lo verdaderamente llamativo de aquella declaración no fue el significado de la palabra ni la denuncia en sí misma, sino el hecho de que proviniera de una de las figuras más Matraquera y corrupta del poder venezolano durante los últimos años.

Para numerosos críticos del gobierno, resulta contradictorio que altos funcionarios que han formado parte de la estructura política que ha gobernado el país durante décadas denuncien ahora prácticas cuya existencia ha sido señalada reiteradamente por organizaciones nacionales e internacionales. Desde esa perspectiva, el discurso genera interrogantes sobre las responsabilidades políticas acumuladas durante años de gestión.

La pregunta de fondo es inevitable: si la «matraca» existe, ¿quiénes permitieron que se consolidara?, ¿quiénes la toleraron?, ¿quiénes se beneficiaron de ella? Porque ningún sistema de corrupción florece por generación espontánea; necesita protección, silencio, complicidad y poder.

La historia política está llena de dirigentes que, cuando cambian las circunstancias, intentan presentarse como denunciantes de los mismos males que durante años ignoraron, toleraron o no pudieron erradicar. Y es precisamente allí donde la opinión pública suele exigir algo más que discursos: exige explicaciones, responsabilidades y rendición de cuentas.
Más allá de simpatías o diferencias ideológicas, el verdadero debate no debería centrarse únicamente en la existencia de la corrupción, sino en determinar quiénes tuvieron la responsabilidad de combatirla y por qué, durante tanto tiempo, no lo hicieron.

Porque reconocer un problema no equivale a resolverlo. Y denunciar una práctica no exonera automáticamente a quienes ocuparon posiciones de poder mientras esa práctica se desarrollaba y desarrolla aún . La memoria de los pueblos suele ser mucho más resistente que los discursos políticos. Y aunque algunos intenten reescribir la historia, los hechos, las decisiones y las responsabilidades terminan dejando huellas que ni la propaganda ni el paso del tiempo logran borrar por completo.

SEÑALAMIENTOS, INVESTIGACIONES Y CONTROVERSIAS PÚBLICAS.

Llegados a este punto, resulta pertinente recordar que la discusión sobre la llamada «matraca» no surge en el vacío. Durante años, diversas organizaciones, medios de comunicación, organismos internacionales y actores políticos han formulado denuncias, investigaciones y señalamientos públicos relacionados con la gestión de altos funcionarios del Estado venezolano, entre ellos Delcy Rodríguez.

Más allá de las posiciones ideológicas de cada quien, dichos señalamientos forman parte del debate público y constituyen antecedentes que no pueden ser ignorados cuando se pretende asumir el papel de denunciante de prácticas que han sido atribuidas reiteradamente al propio aparato estatal.

Denuncias Durante la gestión de Delcy Rodríguez como Canciller y ministra de Relaciones Exteriores (2014–2017) Diversos medios y analistas han señalado presuntas irregularidades vinculadas a operaciones realizadas a través de PDVSA y CITGO durante ese período. Entre los casos más mencionados figura la contratación de servicios de lobby político en los Estados Unidos por montos millonarios, operación que fue objeto de cuestionamientos por el posible uso de recursos de empresas estatales para fines políticos.

Asimismo, organizaciones dedicadas al seguimiento de la transparencia pública cuestionaron la donación de recursos provenientes de CITGO a actividades políticas en Estados Unidos por parte de Delcy Rodriguez en momentos en que Venezuela atravesaba una profunda crisis económica y humanitaria.
Durante su gestión como Vicepresidenta Ejecutiva A partir de 2018, Delcy Rodríguez pasó a ocupar una posición aún más relevante dentro de la estructura de poder del Estado venezolano.

Durante esos años, diversos organismos internacionales, medios de investigación y autoridades extranjeras difundieron informes y denuncias relacionados con presuntos esquemas de corrupción, manejo opaco de recursos públicos y posibles irregularidades vinculadas al sector petrolero venezolano.

Algunas investigaciones periodísticas también hicieron referencia a presuntas redes empresariales vinculadas al entorno gubernamental, mecanismos de importación, contratación pública y operaciones financieras que habrían sido objeto de escrutinio por parte de autoridades extranjeras.

Transparencia, recursos públicos y control institucional
Otras críticas formuladas durante distintos períodos de su carrera política han estado relacionadas con:

  • El presunto uso partidista de recursos públicos.
  • La falta de transparencia en la administración de fondos destinados a organismos estatales.
  • El empleo de medios públicos para fines políticos.
  • La concentración del control comunicacional en manos del Estado.
  • La opacidad en determinados procesos de contratación pública.
    Si bien muchas de estas denuncias continúan siendo objeto de debate político y jurídico, su existencia forma parte del expediente histórico y documental que acompaña la trayectoria pública de numerosos funcionarios del actual sistema de poder venezolano.

La memoria no prescribe La cuestión fundamental no consiste en determinar quién pronuncia hoy el discurso más severo contra la corrupción.
La verdadera pregunta es otra:

¿Quiénes tuvieron durante años la responsabilidad de combatir esas prácticas y sencillamente no la conbatieron porque eran y son partede la Matraca?

¿Quiénes administraron el poder mientras tales denuncias se acumulaban?

¿Quiénes controlaban las instituciones encargadas de investigar, sancionar y corregir esos abusos?

Porque la corrupción no aparece de repente. Se construye lentamente mediante la complicidad, la impunidad, el silencio y la falta de controles efectivos. Y cuando quienes formaron parte de ese sistema intentan presentarse únicamente como sus denunciantes, la sociedad tiene derecho a exigir algo más que palabras.Tiene derecho a exigir explicaciones.

Tiene derecho a exigir responsabilidades . Y sobre todo, tiene derecho a no olvidar.

Porque la memoria de los pueblos suele ser más poderosa que cualquier discurso, más duradera que cualquier propaganda y mucho más difícil de borrar que una simple declaración frente a un micrófono.

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