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Testimonio de una madre que no deja de sonreír, aunque su hijo es el preso político con más años tras las rejas en Carabobo

Es este Día de la Madre nos adentramos en la historia de la mamá de Antonio Garbi, quien está tras las rejas por una acusación de la que no hay pruebas

Ella sonríe siempre. Matiza su drama con un chiste mientras sus ojos no pueden ocultar la gran tristeza que la acompaña. Es madre a tiempo completo, aunque no está con su hijo. Los separa la injusticia que lo mantiene tras las rejas desde hace casi seis años.

La sonrisa de Carmen González no solo es auténtica, sino  contagiosa y de esas que recarga de energías a cualquiera. Su humor fue heredado por su hijo, Antonio Garbi, quien es el preso político de Carabobo que tiene más tiempo en la cárcel.

A ella le sobran motivos para celebrar este Día de la Madre. Pero está sola. Antonio es su hijo menor, con él vivía hasta que lo sacaron violentamente de su cuarto al ser acusado de haber asesinado a un capitán de la Guardia Nacional en 2014, en un proceso caracterizado por vicios jurídicos e ilegalidades.

Su sonrisa es reflejo de su fortaleza. Hace 14 años su esposo fue secuestrado en Barinas. Hubo comunicación con sus captores por dos meses, se pagó lo solicitado por su liberación y nunca apareció.

Una madre sola

Con ese sentimiento de pérdida a cuestas ella siguió adelante con sus cuatro hijos, los tres mayores  viven en otras ciudades del país y desde mayo de 2015 parte de su alma está con Antonio en el Internado Judicial Carabobo, conocido como penal de Tocuyito. “Es un gran dolor que siento como madre, puesto que yo tenía a Antonio en casa todos los días”.

Para el momento de la detención del joven, ella hacía comidas en casa y las vendía, mientras que Antonio estudiaba noveno semestre de mercadeo y publicidad y trabajaba para una empresa privada, “y de repente todo eso me lo borraron, me lo quitaron. Es como si te arrancan a tu bebé de los brazos”.

El día que llegaron funcionarios de diferentes cuerpos de seguridad a buscar a Antonio él estaba acostado, recuperándose de una lesión en un tobillo por un accidente laboral. “Estaba en muletas en su cuarto y llegó un contingente impresionante, solo aquí arriba en el apartamento estaban 30 funcionarios y abajo quedaron más. Le tumbaron la puerta del cuarto y se lo llevaron”.

El sacrificio de ser madre

Su vida cambió por completo desde el 5 de junio de 2015. Ese día perdió la libertad Antonio por un hecho ocurrido el 12 de marzo de 2014 durante una manifestación de calle en Mañongo. Él siempre protestaba, lo hacía siempre pidiendo por la liberación de su papá. Y yo lo acompañaba.

Con la detención, Carmen tuvo que renunciar a su empleo para no tener que pedir tantos permisos para hacer todas las diligencias del caso de su hijo. Ahora se sostiene económicamente con el apoyo de una de sus hijas y con lo que logra hacer en sus trabajos de costura y arreglo de ropa.

Es así como reúne el dinero para prepararle las comidas a Antonio y llevárselas cada 15 días. Pero desde el 8 de marzo de 2020 no lo ve. Ese día suspendieron las visitas en el penal de Tocuyito como medida de prevención de la COVID-19. Hace algunos meses las reanudaron, pero ella prefiere no entrar.

“Las madres hacemos todo tipo de sacrificios por nuestros hijos. Yo decidí no visitarlo porque no sé en qué momento puedo estar contagiada y no quiero que él se enferme. Me duele mucho, porque quiero verlo y abrazarlo. Pero lo quiero sano”.

Juicio paralizado

Antonio tenía 24 años cuando le dictaron privativa de libertad. Ya está por cumplir 30 años y sigue en Tocuyito a la espera del inicio de un juicio del que no se ha celebrado la primera audiencia.

De manera repentina el caso fue transferido a un tribunal del estado Aragua sin argumentos expuestos y eso complicó aún más las cosas. La señora Carmen se iba en transporte público a Maracay cada vez que fijaban fecha de audiencia, “es un gran inconveniente por la cuestión del transporte, es una tragedia para mí porque es como botar el dinero porque nunca había audiencia y tenía que venirme de vuelta en el autobús y sin nada, así como agotada, destruida y sin tener ningún tipo de esperanza puesto que no pasaba nada, y todavía no ha pasado nada”.

En estos momentos ella simplemente se aferra a su fe. “Humanamente yo veo que aquí no se puede hacer nada, solo poner todo en manos de Dios y que Él le abra el corazón a toda esa gente que lo tiene a ahí recluido por gusto o no sé por qué, por agregar un número más a la lista, porque ese día salió su número”.

Para ella no es fácil seguir adelante con ese sentimiento de incertidumbre y dolor. “No es lo mismo la pérdida de un esposo y la de un hijo, pero me han tocado las dos. Me siento súper desamparada y que tengo que luchar contra una corriente que me llevan”, expresó con una gran sonrisa contagiosa dibujada en su rostro, de esas que matizan el drama que le ha tocado enfrentar a esta madre.

Fuente El Carabobeño

Comments (1)

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