Opinión

Columna El Monje de Camoruco Por Sergio Márquez Parales: Crímenes de Lesa Humanidad Parte final

En esta parte final de nuestra columna titulada Crímenes de Lesa Humanidad, procederemos a analizar aspectos  considerados de vital importancia para comprender el alcance de las consecuencias jurídicas y penales que acarrean las violaciones de los Derechos Humanos para quienes resulten culpables de este tipo de acciones.

Para que un caso llegue a los tribunales de la Corte Penal, en La Haya, debe pasar por varias verificaciones exhaustivas. Una vez que el caso llega al escritorio de la Fiscalía comienzan las pesquisas preliminares. Es allí donde se determina si la evidencia del crimen es de suficiente gravedad para que la Corte Penal lo trabaje. “Depende de la calidad de la investigación y de los testimonios de los afectados. También de la necesidad pronta de dar respuesta ante una situación masiva de violaciones de Derechos Humanos”.

Dada su acuciosidad, la respuesta no se tiene de la noche a la mañana: puede tardar años para que efectivamente se emita una orden de investigación y, posteriormente, de arresto. Tal es el caso de Colombia, que tiene un caso en sondeos preliminares desde 2004 por supuestos crímenes de Lesa Humanidad cometidos desde noviembre de 2002 y otros supuestos crímenes de guerra, desde noviembre de 2009.

El 8 de febrero de 2008, la Fiscalía de la Corte Penal Internacional anunció la apertura de un examen preliminar sobre Venezuela por la «fuerza excesiva» de la fuerza pública para «dispersar y reprimir manifestaciones» y «graves abusos» a detenidos, informó la institución en un comunicado. El examen preliminar analizó delitos presuntamente cometidos desde abril de 2017, en el marco de las manifestaciones que se produjeron en Venezuela a partir de ese mes.

La declaración oficial de la fiscal Fatou Bensouda dijo en aquel entonces: «El examen preliminar sobre la situación en Venezuela analizará crímenes presuntamente cometidos en este Estado, parte al menos desde abril de 2017, en el marco de manifestaciones y la inestabilidad política conexa. En particular, se ha alegado que fuerzas de seguridad del Estado con frecuencia utilizaron fuerza excesiva para dispersar y reprimir manifestaciones, y que han detenido y encarcelado a miles de miembros de la oposición, reales o aparentes, algunos de los cuales habrían sido presuntamente sometidos a graves abusos y maltrato durante su detención. También se ha informado que algunos grupos de manifestantes habrían recurrido a medios violentos, resultando en lesiones o muertes de algunos miembros de las fuerzas de seguridad».

Esta es una de las tres formas de presentar una problemática ante la Corte Penal. La segunda: que se emita una petición del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas bajo una petición de sanción de un responsable específico. La tercera: que el Estado, firmante del Estatuto de Roma, solicite las investigaciones dada su incapacidad procedural.

Lo cierto del caso es que en los actuales momentos, las miradas de los organismos encargados de vigilar el estricto cumplimiento de la protección a los ciudadanos frente a las supuestas actuaciones por parte de funcionarios del estado venezolano, las cuales aparecen sustentadas en el informe presentado ante la Organización de Naciones Unidas, (ONU), en el cual se denuncia de manera específica las diversas formas en las cuales presuntamente resultaron vulnerados los Derechos Humanos de un numeroso grupo de venezolanos, están enfocadas hacia la conclusión de este capítulo considerado como inaceptable en ningún país del mundo.

Ojalá desaparezcan de una vez por todas no solo en Venezuela, sino en cualquier país, la mala praxis de utilizar la tortura, la persecución, el acoso, la intimidación, las desapariciones forzosas  y cualquier otro método que coloque en  peligro la vida de los hombres y mujeres que tienen que batallar diariamente con la ya cuesta arriba tarea de obtener el sustento para sus familias y que por exigir mejores condiciones de vida, muchas veces son atacados ferozmente por quienes se niegan a oír verdades y realidades que están frente a sus ojos pero que parecieran ignorar por conveniencia.   

Hasta la próxima semana apreciados lectores.

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