«Durante décadas el mundo persiguió producir más barato. Ahora las naciones están descubriendo una verdad fundamental: una economía poderosa no solamente debe ser eficiente; debe ser segura.»
En los últimos cuarenta años, gran parte del mundo tomó una decisión que parecía lógica desde los números, pero peligrosa desde la perspectiva estratégica: trasladar la producción hacia los lugares donde fabricar costaba menos.
La globalización creó cadenas de suministro extraordinariamente eficientes. Empresas occidentales pudieron producir más barato, los consumidores accedieron a productos de menor precio y el comercio internacional alcanzó niveles históricos.
Pero una pregunta comenzó a aparecer después de las grandes crisis recientes:
¿Qué ocurre cuando un país depende de otros para fabricar aquello que necesita para sobrevivir?
La pandemia de COVID-19 mostró una realidad que muchos gobiernos habían ignorado: una nación puede tener enormes mercados financieros, grandes empresas tecnológicas y una poderosa fuerza militar, pero si no controla elementos esenciales de su producción puede quedar vulnerable.
Desde medicamentos hasta semiconductores, desde energía hasta componentes industriales, las cadenas globales comenzaron a ser vistas no solamente como una herramienta económica, sino como un asunto de seguridad nacional.
La nueva realidad es clara:
El futuro pertenece a los países capaces de producir, innovar y proteger sus propias capacidades estratégicas.
El fin de una era: cuando producir barato deja de ser suficiente
Durante años, como sabemos, muchas economías occidentales aceptaron una idea dominante: la mejor fábrica era aquella ubicada donde los costos fueran menores y esta filosofía llevó a millones de empleos industriales a irse de Estados Unidos y Europa. Grandes compañías trasladaron operaciones hacia Asia buscando reducción de costos laborales y mayor eficiencia.
El problema no era comerciar. El comercio siempre ha sido una fuente de prosperidad. El problema fue confundir eficiencia económica con dependencia estratégica.
Una nación puede importar millones de productos durante años sin problemas, hasta que aparece una crisis geopolítica, una guerra, una pandemia o una interrupción logística.
Entonces la pregunta cambia:
Ya no es: «¿Dónde podemos producir más barato?»
Ahora es: «¿Dónde podemos producir de manera segura?»
Esta es la razón por la cual conceptos como reshoring y nearshoring están transformando la economía mundial.
Reshoring y nearshoring: la nueva geografía industrial
El reshoring significa traer nuevamente la producción al país de origen.
En el caso estadounidense, significa recuperar fábricas que durante décadas fueron trasladadas al extranjero.
El nearshoring busca acercar las cadenas de producción a regiones políticamente confiables y geográficamente cercanas como Venezuela para los EEUU.
La nueva competencia económica mundial no será solamente entre empresas. Será entre modelos de producción y entre guerra economica por continentes.
Un modelo basado en dependencia externa y otro basado en autonomía estratégica.
China y la batalla por la manufactura del siglo XXI
La relación con China representa uno de los mayores desafíos económicos y geopolíticos de nuestra época.
La competencia actual incluye inteligencia artificial, semiconductores, telecomunicaciones, energía, minerales críticos e infraestructura digital.
Los países han comprendido que quien controla las tecnologías fundamentales del futuro controla una parte importante del poder mundial.
La fábrica del futuro no será solamente un edificio lleno de máquinas. Será una combinación de capital humano, tecnología, energía e inteligencia artificial.
La energía: el combustible de la nueva soberanía industrial
No existe revolución industrial sin energía.
Cada fábrica necesita electricidad confiable, costos competitivos y seguridad energética.
La energía no solamente será una cuestión ambiental. Será una cuestión económica y geopolítica.
La nueva doctrina: economía fuerte significa seguridad nacional
Un país que no puede fabricar medicamentos esenciales depende de otros.
Un país que no produce sus propios componentes tecnológicos depende de otros.
Un país que no protege sus cadenas alimenticias depende de otros.
La capacidad productiva vuelve a ser entendida como una forma de defensa.
¿Puede Venezuela aprovechar esta nueva era industrial?
Venezuela, sin ser el Estado 51, posee ventajas extraordinarias: recursos energéticos, ubicación geográfica privilegiada, talento humano, cercanía con Estados Unidos, una enorme diáspora profesional y recursos naturales estratégicos.Pero los recursos por sí solos no construyen prosperidad. Se necesitan alianzas como las que propone Trump.
La nueva era del nearshoring puede representar una oportunidad histórica para Venezuela si reconstruye infraestructura, seguridad jurídica, electricidad confiable, educación técnica, puertos, logística e industria privada y si logra captar capital extranjero proveniente de países prósperos como Japón, Israel, Suecia, China, Dinamarca y Holanda.
El mundo está buscando nuevos lugares donde producir.
La pregunta es si Venezuela estará preparada para competir y eso esta por verse.
La gran reconstrucción económica del siglo XXI
La globalización no desaparece. Está evolucionando a un nuevo modelo que va desde un esquema de nacionalización hasta el esquema continental.
El mundo está pasando de una globalización basada únicamente en costos hacia una globalización basada en confianza, seguridad, prosperidad, libre mercado y resiliencia.
Una fábrica no solamente produce bienes. Produce independencia y si es bien manejada reputación internacional.
El futuro económico pertenecerá a aquellos países y empresarios capaces de unir innovación tecnológica, energía abundante, talento humano, buen branding, excelente reputación y seguridad institucional.
Porque las naciones y los empresarios connotados del continente americano que fabrican su futuro son los que tienen futuro y logran reconstruir países como Venezuela, el Fénix que ya no puede esperar para poder volar.
Dayana Cristina Duzoglou para Caiga Quien Caiga y El Nacional Ve


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