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La Trata de seres humanos en España: Esclavas en Madrid en pleno siglo XXI «Estuve en el infierno; aún tengo ataques de pánico»

Las captan en sus países de origen con la promesa de una vida mejor. Cuando llegan, caen en redes de explotación sexual de las que no pueden salir. Dos de ellas, Alexandra y Violeta, narran su infierno a EL MUNDO

Alexandra (34 años) y Violeta (30) son nombres supuestos que ocultan la identidad de dos mujeres reales que han escapado del infierno. Fueron captadas y engañadas en sus países (Rumanía y Perú) y trasladadas a Madrid con la promesa de un trabajo, comida y alojamiento. A cambio tenían que saldar una deuda económica que irían pagando a cuenta de sus ingresos. Pero el trabajo no era lo que esperaban.

A su llegada les arrebataron su documentación y las metieron en un piso del que sólo podían salir cada día para ejercer la prostitución. «Estuve en el infierno y no podía salir; todavía tengo ataques de pánico», cuenta Alexandra a este diario. Ella estuvo más de 12 años en manos de una red que prostituye a rumanas captadas en su país.

EL MUNDO se ha reunido con las dos para que cuenten su historia en vísperas del Día Europeo contra la Trata de Seres Humanos que se celebra este lunes. Han conseguido escapar de la prisión física y psicológica en la que estuvieron encerradas durante años gracias a la red contra la trata del Ayuntamiento de Madrid y al centro de mujeres Concepción Arenal. Tras sufrir vejaciones y engaños, ahora tienen permisos de residencia y trabajo legales y sueñan con tener una vida normal que deje atrás todo lo que han vivido.

Como otros cientos de mujeres, Alexandra y Violeta llegaron a Madrid hace 14 y dos años. Tras aterrizar en la capital, las metieron en pisos y les mostraron el único camino que podían seguir para sobrevivir: trabajar en la calle vendiendo su cuerpo a los clientes bajo amenaza. «Esto es lo que tienes que hacer; si no, podría pasarte algo grave a ti… O a tu familia», les dijeron.

Sus historias suenan a dramas que ocurren en otros países, pero pasa todos los días en Madrid y en pleno siglo XXI. En la capital hay miles de modernas esclavas desprovistas de autonomía, de papeles y de contactos que puedan ayudarlas a escapar de su atroz destino. Por la noche o a pleno día, buscan clientes en clubes nocturnos, en pisos o en la calle, bajo la lluvia o con temperaturas extremas en invierno y en verano.

«Existe una realidad de las personas normales, te cruzas con ellas por la calle, pero están muy lejos. Tú vives en otra dimensión, un horrible mundo paralelo que no tiene escapatoria y en el que estás completamente sola», describe Alexandra.

Dos mujeres en el Centro de Atención Integral a Víctimas de Trata de Seres Humanos Concepción Arenal del Ayuntamiento de Madrid.
Dos mujeres en el Centro de Atención Integral a Víctimas de Trata de Seres Humanos Concepción Arenal del Ayuntamiento de Madrid.JAVIER BARBANCHO

Esta guapa y joven rumana es dinámica, inteligente; está atenta a todo. Desprende vitalidad, pero también un miedo y un estado de nervios continuo: «No me puedo creer que ahora todo salga bien; aún tengo miedo a perderlo todo».

Llegó totalmente engañada. Con 20 años y ganas de comerse el mundo, fue trasladada a un piso en Vallecas donde le quitaron todo: «Me pidieron los papeles y me dieron una habitación en un piso compartido con 10 ó 12 personas, con cinco o seis chicas más y los hombres que lo controlaban todo». Entonces le quedó claro que nada era lo que le habían prometido. «Te dicen: ahí tienes tu habitación, tu comida, dinero, pero tienes que trabajar para pagar tu deuda…» Y trabajar es tener sexo con cuantos más clientes, mejor, sin distracciones. Y en plena calle.

Violeta es dulce y tranquila, la antítesis de Alexandra. No puede contener las lágrimas cuando recuerda que hace años que no ve a su familia y que no sabe cuándo podrá volver a abrazar a su madre. Los billetes de avión a Perú son un lujo que no se puede permitir.

Pasó más de un año ejerciendo la prostitución en la calle, algo «muy duro», relata: «Hay hombres buenos pero también otros malos, muy malos. Se pasa mucho miedo». Las dos recuerdan los sabañones y las llagas que les salían en las manos, los pies o las orejas al pasar muchas horas bajo cero en invierno.

Ambas vivieron durante años la misma soledad, un desamparo absoluto y la imposibilidad de escapar. «A mí nunca me han golpeado; pero escuché cómo maltrataban a otras que se resistían a prostituirse, les daban palizas». «Tienes miedo y no puedes salir, no se te ocurre ir a la Policía sin ningún papel, sin nada, además de que son muchos. ¿A quién acusas? No te puedes enfrentar a ellos», explica aún asustada Alexandra.

Más tímida, Violeta relata que llegó de Perú con la promesa de un trabajo como esteticista. Nada más aterrizar se encontró lo mismo. «Se me cayó el mundo encima. Me llevaron a la calle y me dijeron: tienes que tener sexo con quien venga, le cobras y a esperar al siguiente». El cursillo intensivo consistió en memorizar los servicios que podía ofrecer y el precio de cada uno de ellos.

Alexandra y Violeta, tras el cristal opaco del centro Concepción Arenal.
Alexandra y Violeta, tras el cristal opaco del centro Concepción Arenal.JAVIER BARBANCHO

Ninguna tenía contactos en Madrid, ni en España. Las mafias buscan bien a sus víctimas: jóvenes, atractivas, sin vínculos aquí y muy vulnerables económica y socialmente. «Las captan en entornos pobres y en familias con graves problemas económicos o desestructuradas; en Nigeria, algunos padres sacrifican a su hija mayor para alimentar al resto de la familia y la mandan a España». Lo cuenta con crudeza Belén Cano, coordinadora del centro municipal Concepción Arenal, que lleva desde 2004 ofreciendo atención integral a las víctimas de trata de personas.

Además de sufrir humillaciones, estas mujeres viven en una soledad forzada que impide que puedan buscar ayuda o intuir una vida diferente. «Algunas llegan a Barajas, les quitan la documentación en el aeropuerto y son trasladadas a pisos de los que ya no salen durante las 24 horas del día porque es allí donde ejercen la prostitución», añade Cano. «Contactamos con ellas y no saben ni dónde viven o nunca han cogido el Metro», añade.

Alexandra estuvo 12 años en distintos pisos y nunca le dejaron tener amistad con sus compañeras. «Los hombres [como llama a sus captores] siempre estaban ahí. No puedes ir a otra habitación; no puedes hablar con las demás; no puedes salir sola», cuenta. «Llevas dinero cada mañana; pero se lo quedan todo. Todo desaparece y así cada día. A cambio, teníamos comida y una cama».

«LA CARAVANA»

Vieron la luz al final del túnel al subir a «la caravana», como llaman a la unidad móvil del Ayuntamiento de Madrid que recorre las zonas con más prostitución. «Te ofrecen un chocolate calentito y te escuchan», cuenta Violeta, que terminó por dar el paso que la sacó de ese mundo en plena pandemia del Covid.

Violeta ha hecho, gracias a los itinerarios formativos del Ayuntamiento, un curso en Mercamadrid y ahora trabaja en envasado de alimentos. Alexandra tiene un empleo temporal como teleoperadora -habla un excelente castellano-. Consiguió salir de la prostitución hace casi dos años y a sus 34 se ha matriculado en la universidad. Su ilusión siempre fue estudiar.

Ambas están «en el mejor momento» de su vida, aunque lucen heridas que nunca podrán curar: «Yo no tengo pareja, y no la podré tener en toda mi vida», lamenta Alexandra. Pero las dos ya pueden «soñar con un futuro estable y tranquilo», dice Violeta; «un día en el que lo que he vivido ya no me afecte», añade la joven rumana con una sonrisa.

El Ayuntamiento de Madrid abrirá el primer centro público de emergencia para víctimas de trata de España

LUIS ÁNGEL SANZ

El Ayuntamiento de Madrid abrirá en diciembre el primer centro público de emergencia para víctimas de trata de España. Este dispositivo completa una red de apoyo a las víctimas de las mafias de la prostitución que es «la más importante de todo el país», según la coordinadora del centro de atención integral Concepción ArenalBelén Cano.

Esta «pieza clave» de la red, como la define el delegado de Familias y Servicios Sociales del Ayuntamiento, Pepe Aniorte, de Ciudadanos, dará «respuesta inmediata y de urgencia» a las mujeres que lo necesiten y servirá de apoyo para los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que cuando desmantelan estas redes no tienen dónde enviar a las víctimas, aparte de a distintas ONG que tienen pisos de acogida. Aniorte detalla que estas mujeres llegan «en una situación muy vulnerable» al sufrir muchas veces «aislamiento extremo» y lo hacen con «gran temor e inseguridad» por el control que los explotadores ejercen sobre ellas. En el centro de urgencia habrá equipos de apoyo psicológico, jurídico y de orientación laboral, como ya existen en el Concepción Arenal.

Este centro de atención integral asistió a 531 mujeres en 2020. En lo que va de 2021, ha sobrepasado esa cifra ya que a 31 de julio había atendido a 523. Su coordinadora explica el alto nivel de éxito de las mujeres atendidas, ya que el 68,7% de ellas consiguieron salir de la prostitución en 2020 y emprender una vida autónoma.

La unidad móvil del centro -una autocaravana- tiene un papel esencial. En el vehículo viajan trabajadoras sociales y mediadoras interculturales (una es búlgara y la otra nigeriana) que recorren polígonos, zonas y locales donde se ejerce la prostitución para invitar a las prostitutas a un chocolate, ofrecerles ayuda para ir al médico, para hacer trámites de extranjería o para salir del mundo en el que viven atrapadas. Aquí empiezan muchas de ellas a vislumbrar una salida.

Fuente: Diario ElMundo.com

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