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Opinión

Otra visión de liderazgo Por Antonio José Monagas

No todos los caminos conducen a destinos felices. Hay unos más escarpados o sinuosos que otros. Sólo que en su tránsito, las posibilidades de brindarle experiencias al viajero son infinitas. Estas ideas, han acompañado siempre al hombre desde que comprendió que su desarrollo personal se vería sujeto a circunstancias ante las cuales poco o ningún control podría tener. Fue la razón para pensar en el arte del liderazgo.

Sin embargo, ante las realidades que configuran la vida, el ser humano ha buscado las respuestas y soluciones que sus problemas han requerido. Problemas donde entran en juego, todo lo que explica cómo se organiza la vida. Su tiempo y su espacio.

Surgen entonces importantes teorizaciones alrededor de la práctica de vida que somete al hombre al escarnio. Pero también, teorías que develan, en su más hondo análisis, verdades esenciales y ordinarias valiéndose del aporte de la sociedad y de la conducta humana como canales que permiten descifrar las incógnitas y desatar los nudos que enmarañan y revuelven fundamentos de civismo, desarrollo, justicia, ética y moralidad acordes con el desempeño de la vida.

Por eso el liderazgo en su más rigurosa concepción, aborda la complejidad de los procesos sociales creativos y apoya al hombre en su acción y movimiento, aún cuando se encuentre sitiado por una realidad indivisible y por múltiples recursos escasos.

No obstante, en la premura que la dinámica política y económica obliga a actuar y a la cual se somete el liderazgo como disciplina de organización, surgen serias irrupciones. Esos líderes, formados bajo la égida del referido modelo de liderazgo, engorronan, embrollan y confunden el devenir de organizaciones y hasta de la sociedad bajo su gestión. Fungen como guías arbitrarios que actúan bajo restricciones de orientación alevosamente establecidas y a la orden de una dirección política sin mayores escrúpulos para distorsionar a favor de una causa ideológica.

De este tipo de liderazgo, se han derivado ingentes problemas muchos de los cuales han devenido en tenebrosas y aterradoras realidades. De ahí la necesidad que la misma dinámica de vida incitó para dar cuenta de la existencia de otro liderazgo apuntalado más sobre valores humanos, sentimientos  y emociones, que con base en teorías inmutables declaradas como apotegmas o principios organizacionales, gerenciales o administrativos.

Hoy se habla de otro liderazgo. De un liderazgo dispuesto a verse y entenderse como la nueva manera de enfocar las relaciones entre personas cuya necesidad de apoyo y comprensión configura el terreno sobre el cual se cimienta el presente. Es un liderazgo que desde su visión de amplio espectro, es inspirador de vidas.

Es saber llevar, retar y enrolar a cualquier persona a disfrutar de una vida merecida. Bajo esta nueva teoría del liderazgo, se hace posible contemplar el mundo desde el ser. Se aprende a conocer que la persona más importante, es cada ser humano toda vez que, igualmente, aprende a compenetrarse consigo mismo pues reconoce que es el protagonista de su vida. Tan difícil papel, puede delegarse en la persona al momento de comprender que sus decisiones tienen la fuerza para inspirar vidas.

Sus decisiones no esperan el desarrollo del análisis encarecido por técnicas parciales que infunden las realidades. Tampoco se mueve con criterios unirracionales. Sabe discernir entre lo obtuso de una actitud y lo dilatado de una situación para que con tal conocimiento aprecie la libertad sobre la rediseña el futuro y los caminos que llevan a su disfrute, cueste lo que cueste. Estas son evidencias de que, en verdad, existe otra visión de liderazgo.

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